Archivo de la etiqueta: Periodistas muertos

Telegrama.


Telegrama encontrado en la base secreta nazi conocida como “Schatzgraber” en la isla de Alexandra en el círculo polar ártico. En servicio durante los años 1943 y 1944. Nunca llegó a enviarse porque la base sufrió un misterioso colapso y no hubo supervivientes. Fue descubierta años después del suceso. Fechado el 17 de enero de 1944 y supuestamente escrito por el biólogo de la Whermacht, Wilhelm Dege, jefe de la misión científica destacada en la base. 

 

Soy el único superviviente. El resto han muerto. STOP La tormenta no amaina. STOP Nieve por todos lados. STOP La espécimen escapó hace tres días. STOP Temo no poder sobrevivir mucho tiempo más. STOP Refugiado en sala de comunicaciones. STOP No hay salida. STOP Ella está ahí fuera. Sabe dónde estoy. STOP La puerta no aguantará. STOP Sabe dónde estoy. STOP No vengan a por mí. STOP. Repito. No vengan a por mí. STOP Ella

 

Carral del Prado.

 

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Poemenos: Trato.


 

Tenía un trato con la vida.

Ella le sonreía y él, a cambio,

de vez en cuando, le escribía poesía.

 

Tenía un trato con la vida.

No se resistía a los cambios y aceptaba,

cuando tocaba, la tristeza.

Pero quedaron en llorarla juntos y, al terminar,

volver con mayor firmeza.

 

Acordaron no resistirse a crecer, no evitar obligaciones.

madurar cuando hiciera falta pero sin dejar de ser niños

para los que todo, incluido el aburrimiento,

serían diversiones.

 

Pactaron descubrir nuevas cosas cada día.

Enfrentarse a los miedos, vencer las manías.

Aunque reservaron cláusulas como hoy toca no hacer nada

y que eso también sumaría.

 

Tenía un trato con la vida. Enfados los justos.

Rencores ni uno. Si tocaba cabrearse habría que hacerlo con mesura.

Sabiendo el por qué y cuidando el cómo.

Sin sustos.

 

Quedaron en que vale ya de preguntarle a ella

que todo esto de qué va, que de dónde viene, que por dónde saldrá.

Deja de preocuparte. Disfruta imbécil.

¡Venga ya!

 

Tenía un trato con la vida. Y siempre lo cumplía.

Aunque el día viniera torcido, aunque le dijeran que no le querían.

Aunque lloviera.

Porque cuando eso pasaba, ella le sonreía

Y él, de vuelta, le escribía poesía.

 

Carral del Prado.

 

Poemenos Prohibidos: Mortal Inmortalidad.


Como la tormenta de verano, anhelada su agua por el páramo, que en vez de regalo es maldición. Demasiado intensa ha llegado. Entre rayos y truenos y vientos huracanados, lo que debía ser vida es muerte y mutilación. Arrasa el tierno brote del sembrado.

Es una primavera precoz. Confundido el almendro por el tibio calor del sol de invierno despierta a sus flores que se deshojan, frágiles y sorprendidas, amortajadas con la última nieve de la nevada tardía.

Pero es la lavanda una flor inmortal pues incluso muerta y seca mantiene su olor. Fresco perfume que cuenta, aunque ya ida y marchita, su preciosa existencia.

Derrotado y ahogado, como el último oso polar en el infinito de un mar descongelado, sin esperanza todavía nada. Y mientras se hunde en la profundidad del océano, níveo en la oscuridad, sigue pensando en la blanca salvación del hielo inmaculado.

Sin pedir permiso ni perdón, sin guardar un ápice de rencor. En la soledad de un mar que acoge su cuerpo muerto que no para de nadar.

 

Carral del Prado.

Precioso Caos


Te recuerdo. Te recuerdo desde antes del Todo y de la Nada. Antes de que existiera la Tierra, incluso antes de que brillara el Sol.

Recuerdo arder en la cola luminosa de un cometa y orbitar durante edades enteras alrededor de una estrella cuyo horizonte era tan masivo como toda una galaxia. Recuerdo fundirme en ella y salir expulsado en una de sus erupciones entre un fuego tan ardiente que el espacio profundo se pintó de rojo. Volé en un viento cósmico durante tanto tiempo y tanta distancia que contemplé sistemas planetarios enteros nacer, vivir y colapsar para luego perderse en la vastedad del cosmos sin que el universo se alterara lo más mínimo.

Recuerdo aterrizar sobre roca fría en un paisaje desierto, horadado por miles de millones de impactos. Allí estuve congelado lo suficiente como para echar de menos volar. Hasta que el hielo se derritió y se convirtió en una nebulosa. Me volví etéreo y anduve mezclado con los gases pintados de todos los colores que han existido o existirán.

Tras una eternidad siendo constelación, fui líquido y disfruté de nuevo del calor y de la luz, mecido plácidamente por un océano interminable. Luego vinieron el frío y la oscuridad, lenta y sigilosamente. Perdí la orientación y los sentidos conocidos desaparecieron para convertirse en otros, diferentes y multiplicados.

Percibía el silencio a través de la piel. El sabor salino en los ojos. El palpitar del infinito en los oídos. En la oscura quietud fui engullido por un ser descomunal y sentí de nuevo la vida orgánica en toda su plenitud. Fui latidos, fluido, músculo y hueso. Formé parte del esplendor de ese ser, de su reproducción y, por último, de su decadencia y descomposición.

Cuando su energía se transformó me convertí en un intenso calor una vez más. Me volví viscoso y volé de nuevo incandescente por encima de un cielo humeante, explosivo y lleno de electricidad.

Y te recuerdo porque siempre estabas allí en este interminable viaje. De un punto a otro de la eternidad, desde el origen inexistente hasta el destino desconocido. En todas las formas y materias. En la luz y en el frío, en el calor y en la oscuridad estabas allí conmigo.

Quizás tú seas el universo y yo un rayo perdido en tu inmensidad

New view of the Pillars of Creation — visible

The NASA/ESA Hubble Space Telescope has revisited one of its most iconic and popular images: the Eagle Nebula’s Pillars of Creation. This image shows the pillars as seen in visible light, capturing the multi-coloured glow of gas clouds, wispy tendrils of dark cosmic dust, and the rust-coloured elephants’ trunks of the nebula’s famous pillars. The dust and gas in the pillars is seared by the intense radiation from young stars and eroded by strong winds from massive nearby stars. With these new images comes better contrast and a clearer view for astronomers to study how the structure of the pillars is changing over time.

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Carral del Prado.

Poemenos Prohibidos: El olivo que no olvida.


 

Mil veces vareado, el olivo no olvida lo que la tierra ya ha olvidado. Y aunque el tiempo infinito ha tatuado de nudos su tronco retorcido, el mismo pasar de los siglos que a su alrededor los campos ha cambiado, recuerda sus olivas doradas al sol que ha cuidado con esmero, que le han quitado de sus ramas con manos y con palos. Olivas que fueron suyas, que sin marchitarse, se marcharon.

No tiene el olivo, como el rosal, rosas para enamorados. Pero guarda la memoria de mañanas rosadas, de la lluvia, de la arcilla mojada. Del viento solitario que en su soledad le susurraba.  Se irá el olivo en el grito de una noche azul o entre el silencio de los truenos. Pero en el segundo antes de partir recordará a su última aceitunilla acunada entre sus hojas alargadas. La más hermosa. La más dorada.

 

Carral del Prado.