Archivo de la etiqueta: experimental

f o r m a


Por las arrugas de su piel gruesa en las esquinas arrugada, aunque gruesa en toda su unidad, la libreta catalana había vivido al menos cien años, juntando su vida como libreta y su pasado como vaca, quizás como vaca gallega, o vasca, o francesa, pero de vida seguramente cercana a la costa por su piel tersa y sus manchas de tanto y tanto sol, y, bueno, porque era fresca, no en un sentido metafórico o contextual, sino genuino, muy fresca, al menos en su vida como libreta, y eso solo lo hereda una libreta cuando su ancestro vaca ha tenido una buena vida, y ha sido también fresca, y ha vivido frecuentemente cerca de la costa y de los pastos ricos en minerales que deja el mar en su visita a la costa, una costa lluviosa en cambio, donde el sol pasaba todos los días un rato pero solo un rato, y donde la gente paseaba desnuda por el prado verde, y pastaba con las vacas, las que eran madres y que daban leche, y las que luego eran pasto, y las que luego eran libreta también, como la mía, arrugada solo un poco y solo en las esquinas, llena de vida y de sitio para más palabras y más pensamientos que en ocasiones no tenía que escribir, porque los espacios, lo que se omite o lo que se calla, como los silencios en la música, son al menos tan importantes como lo que se dice,

 

 

 

lo que se escribe

 

 

 

 

 

y acentúa, 

 

 

 

 

 

 

y en particular lo que se acentúa, porque los acentos son lógicamente sólidos, pero no tan evidentes ni GROTESCOS como las MAYÚSCULAS, y por eso yo sabía que la mía, mi libreta, era fresca, aunque no tan fresca como alguna que conocí en un viaje a Barcelona, en un viaje de mayo después de siete horas en coche en una madrugada de camiones y dejando a mi abuela enferma en Madrid, después de oír un concierto de un tipo que sólo hablaba catalán pero no quería saber ni sabía nada acerca de la movida independentista de esos días, y yo me alegro como me alegré cuando supe ese día que mi libreta tenía hermanas libreta, lo cual me hizo pensar que seguramente había tenido hermanas y hermanos vaca, o toro, con este lío de géneros ya uno nunca sabe, pero sí sé que tenía familia porque su apellido se leía, dibujado en su lomo, grabado con cariño y sin ánimo de hacer daño, en mi libreta tanto como se leía en sus hermanos, en una tipografía romana, antigua al menos, y creo que romana, y su apellido se leía

 

A

R

A

S

A

 

y pensé que era de buena familia, y que qué suerte la mía por haber recibido a este nuevo miembro, ahora de mi familia, para siempre de mi familia, al menos en su vida como libreta y hasta que decidiera o le tocara o la casualidad la condujera a cambiar de forma, y a cambiar de vida, y a cambiar de manos y de familia pero siempre en las esquinas de su piel describiendo su historia, primero como vaca del campo de una costa lluviosa donde el sol aparecía a ratos, después como libreta pulcra y fresca, tanto como lo era la vaca, con algunas arrugas, llena de sabidurías y de dichos y  de silencios, y luego como quién sabe qué, acaso los hindús lo imaginan, pero sin duda otra forma noble, como esta libreta querida merece.

Jaime Pérez-Seoane Z

Anuncios