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Querido Jaime (te llames como te llames)


Sevilla, 17 de febrero de 2018
Hola Maragatoyo,

Sé que hoy estás en el norte viendo al Panda pero te escribo este mail, que supongo que leerás el lunes, para explicarte cómo voy a corregir tu libro tal y como acordamos.

Yo me voy a limitar a cuestiones de gramática y ortografía. Respecto a esta última he detectado ciertos fallos que si bien algunos son erratas comprensibles otros son reiterativos como el no poner tildes en los pronombres él o mí, ¡mamón! También estás empeñado, y esto es algo que haces también en el blog, en poner mayúscula después dos puntos y nunca es así salvo en algunas excepciones muy concretas.

Respecto a la gramática tienes un poco de lío con las comas y las rayas para añadir un inciso. El dominio de estos recuros reconozco que es algo complicado que a mí también me cuesta bastante pero el punto y coma estoy aprendiendo a usarlo y queda realmente bien. No obstante procuraré no abusar de ello. De momento no tengo más que decirte sobre esto.
En cuanto a cuestiones de estilo ahí no me meto porque cada cual tiene el suyo. Mi opinión sobre la historia ya te la comenté y te diré que a veces me ha parecido que te has enredado en explicar algunas cosas y has cortado el desarrollo de otras que me hubiera gustado saber dónde acababan. También creo que en un momento dado te entró la prisa por acabar la novela y eso se nota en el desarrollo de la historia pero bueno, es algo que la verdad que comprendo a la perfección porque yo sigo atascado con la mía y a veces es desesperante.

También haces un uso excesivo, esto es mera opinión, de los paréntesis. A mí no me gusta nada usarlos porque me parece que entorpecen la lectura y que además siempre hay una forma mejor de expresar un matiz, explicación o condicionante a la frase. Pero esto es una opinión así que, si no me das orden en sentido contrario, los dejaré tal y como los has puesto tú.

Espero haberme explicado bien. Mi humilde opinión tiene un ánimo constructivo dentro de la ilusión que me hace que hayas publicado tu primera de muchas novelas y siendo tú alguien al que he visto evolucionar literariamente casi desde el principio y al que admiro y disfruto leyendo.
Te mando un fuerte abrazo,
Tort.

Madrid, 19 de febrero de 2018

Querido Tort:

Gracias por tu mail, que de nuevo he leído de casualidad porque el correo no lo reviso en la vida. No me sorprende ninguno de tus comentarios.

La vida en Colombia me ayudó y confundió en muchos aspectos, incluyendo el uso del castellano. Aunque mencionas varios te dejas, por ejemplo, los laísmos. Lo de los acentos en los pronombres lo sé, no tengo perdón de Dios, pero no soy capaz de recordar de dónde viene tal confusión. El uso abusivo de los guiones nace de mi relación con el inglés. El exceso de paréntesis se da en fragmentos que escribí hace muchos años, cuando les tenía mayor aprecio. A fin de cuentas, Fantasmas en la orilla está escrita a trompicones en distintos periodos de tiempo, y mezcla varias versiones de mi yo escritor.
En los últimos tiempos también, aunque seguro que menos que tú, he empezado a aprender sobre el punto y coma, aunque no siempre lo tengo claro. También fue hace poco cuando empecé a usar con propiedad los dos puntos y aprendí sobre las mayúsculas o minúsculas posteriores, de ahí que, a menudo, en esto que he llamado novela con bastante morro, estén mal.

Para terminar, estoy de acuerdo contigo en que algunos tramos de la historia se cortan o saltan mientras que en otros enredo demasiado. No tengo intención de que esas deficiencias y rarezas desaparezcan; al fin y al cabo decidí publicar esto como la primera piedra, y alterarlo después (más allá de la necesaria corrección que estás haciendo) me parecería mal. Con los años, ojalá, podré mirar atrás y encontrar una evolución en la forma y en el fondo, en las prisas y las pausas, en lo que digo y lo que callo.

Te devuelvo el abrazo. Espero esas cervezas ansioso.

Y gracias por tu ayuda y consejos.

Jaime Pérez-Seoane Z
(Si alguien quiere leer el librito del que hablamos, está invitado a hacerlo aquí, con permiso de las faltas y las prisas de los inicios).
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En la carretera. El rollo mecanografiado original.


Este libro contiene algunas de las experiencias vitales que Jack Kerouac vivió con su amigo Neal Cassidy.Viajando por los Estados Unidos los dos, recorriéndolos de este a oeste en coche, bus, camión o tren. Éstas fueron escritas por el susodicho entre el 2 y el 22 de Abril de 1951. Aquí tienen algunos de sus fragmentos.

“lo que le pasaba a Neal era sencillamente que la vida lo excitaba de una manera desmedida, y aunque era un buscón, lo era únicamente porque deseaba con enorme avidez vivir e implicarse en las vidas de gentes que normalmente jamás le harían el menor caso. Se estaba aprovechando también de mí, y él sabía que yo lo sabía,(ésta ha sido la base de nuestra relación), pero no me importaba, y nos llevábamos de maravilla. Empecé a aprender de él tanto cómo él aprendía de mí.”

En nueva Orleans visitaron a Bill Burroughs en su hogar familiar donde discutieron de bares y éste les dijo:

“El bar ideal no existe en Norteamérica. El bar ideal es algo que está más allá de nuestra comprensión. En 1910 un bar era un sitio donde los hombres se reunían durante o después del trabajo, y lo único que había era una barra, un reposapiés de latón, una escupidera, un piano, unos cuantos espejos y barriles de whisky a diez centavos el trago y barriles de cerveza a cinco centavos la jarra. Ahora lo que hay es cromados, mujeres borrachas, maricas, camareros hostiles, propietarios ansiosos que merodean por la puerta preocupados por los asientos de cuero y la ley; un completo griterío a destiempo y un silencio mortal cuando entra un desconocido.”

Por el camino iban charlando:

“En qué estas pensando, Papi?

– Ah Jack…en lo mismo de siempre…Chicas, chicas, chicas…Junto con veloces pensamientos y sueños de vagabundeo plagados de promesas rotas…¡Ay!”

Contando anécdotas:

“En 1942 fui la estrella en uno de los dramas más sucios de todos los tiempos. Siendo marinero entré en el Imperial Cafe de Scollay Square, en Boston. Me bebí sesenta cervezas y fuí al retrete, donde me abracé a la taza y me quede dormido. En el curso de aquella noche, como mínimo un centenar de marineros, marinos e individuos de laya entraron en los servicios y me mearon y vomitaron encima hasta pringarme de pies a cabeza y dejarme irreconocible.”

También estuvieron varias veces en Denver.

“Pasamos una semana de tardes en bares deliciosos de Denver, donde las camareras llevan pantalones  y se pasean por el local con ojos tímidos y cariñosos., no camareras endurecidas sino camareras que se enamoran de la clientela y tienen romances explosivos y se enfurruñan y sudan y sufren yendo de una barra a otra; las noches las pasábamos escuchando jazz en Five Points, bebiendo en bares locos de negros y parloteando hasta las cinco de la mañana en mi apartamento (…). Estaba pasándolo maravillosamente bien, y el mundo entero se abría ante mí porque no tenía sueños.”

Al final,pusieron rumbo al gran sur.

“Gregor procedió a líar el mayor canuto que jamás haya visto persona alguna. Lío un canuto que era como un imponente habano Optimo. Gigantesco. Neal se quedó mirándolo con ojos desorbitados. Gregor lo prendió con toda naturalidad, y nos lo pasó para que fuéramos fumando. Dar una calada a “aquello” era como inclinarse sobre la boca de una chimenea y aspirar profundamente. Entraba por la garganta como una oleada de calor. Contuvimos la respiración y soltamos el humo casi a un tiempo. Y de pronto todos estábamos “colócados”. El sudor se nos congeló en la frente, y a partir de ese momento fue como estar en una playa de Acapulco.(…)

El veloz mambo jambo nos hizo bailar frenéticamente con las chicas. A través del delirio de la marihuana empezábamos a discernir sus personalidades diversas. Eran chicas excelentes. Era extraño, pero la más alocada de todas era una chica medio india, medio blanca, y oriunda de Venezuela. Tenía tan sólo dieciocho años, y parecía de buena familia. Qué podría haberla llevado a prostituirse en México a aquella edad y con aquella fresca impudicia y buen aspecto era algo que sólo Dios sabía.”

Todos ellos formaron parte de la que se denominaría “Generación beat”, los “beatniks”,  unos locos de la música bop, el budismo, la poesía, el alcohol y las drogas. Creativos e innovadores, sentaron la base de los posteriores movimientos “hipster” y “hippie”.

Jim Tonik

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