La Chaqueta Metálica, Barry Lyndon, ¿Teléfono Rojo? Volamos Hacia Moscú (y Atraco Perfecto) de Stanley Kubrick.


Originalmente Full Metal Jacket, Barry Lyndon y Dr. Strangelove, Or How I Learned To Stop Worrying And Love The Bomb (maldita traducción patria), son mis tres películas preferidas de Stanley Kubrick. Hago esta selección tras haber completado recientemente el visionado de toda la filmografía de este genial director neoyorquino. Siendo,  paradójicamente, sus dos primeros largometrajes los dos últimos que he visto. Y digo genial, como: relativo al genio qué fue. Pues de las trece cintas que grabó, no hay ni una que no me guste. Bueno… quizás me haya parecido un poco flojilla, su primera: Fear & Destiny. En la cual, aún así, ya se aprecian algunas pistas de la genialidad fílmica que desarrollaría después. Pero todas1 las demás son de esas que como las pilles un día, aunque estén ya empezadas, te las tragas enteritas. 

Hace unas semanas, decidí  escribir algo sobre Kubrick. Tras haberle dado más de una vuelta, y de incluso haberlo debatido telefónicamente con mi amigo Rodri, el mayor admirador de Stanley que conozco. Llegué a la conclusión de que en lugar de escribir un ensayo teórico sobre el realizador, y demostrar así mi gran ignorancia2, lo mejor que podía hacer era hablar sobre mis películas favoritas suyas. En principio, iba a hacerlo sobre las tres del título. Pero luego me di cuenta de que en realidad son cuatro las que entran en mi top. Difícil decisión, la de calificar las excepcionales obras de uno de los mejores realizadores del siglo XX, y por ende, de la historia del cine. Pues por exigencias de guión, he tenido que dejar fuera otras puras joyas como El Resplandor, La Naranja Mecánica o 2001, Una Odisea En El Espacio

Tres grandes personajes de Dr. Strangelove… y The Killing (El francotirador, el luchador y el general).

Así que, a las tres ya mencionadas, he añadido Atraco Perfecto o The Killing, para mi la peli de un crimen más perfecta, valga la redundancia, que he visto en mi vida. Es impecable, como una partida de ajedrez. Juego al que jugaba profesionalmente Kubrick en Washington Square donde conoció casualmente a James B. Harris, quien sería productor de ésta, así como de Senderos de Gloria y de Lolita.

Así como una auténtica demostración del control absoluto que el director ejercía no sólo sobre este trabajo, sino en todos ellos (pero especialmente en este).  Y de que el botín del atraco que perpetró (con éxito) fueron las mentes de sus espectadores. Con su brutal desenlace, con el cual apostaría a que más de uno se tiró de los pelos, o incluso, como me pasó a mí, se levantó del sofá y empezó a jurar en arameo. 

Presentación de Johnny Clay, el cerebro del atraco. Interpretado por Sterling Hayden, quién luego haría del general chiflado Ripper en ¿Teléfono Rojo?, Volamos Hacia Moscú.

Sobre todas ellas, tengo que destacar La Chaqueta Metálica, y no sólo por ser ésta de una magnífica añada, la mía: 1987. Sino por ser, en mi humilde opinión, la mejor cinta sobre la guerra de Vietnam, (e incluso probablemente bélica) jamás filmada, habiendo duras competidoras a este título (el del ‘Nam) como Platoon o Apocalypse Now, sólo por poner dos ejemplos (y que también competirían a las mejores de todo el género bélico, ¡¿qué demonios?!). A pesar, de que hay quienes consideran que la primera mitad, el entrenamiento de los reclutas, no es estrictamente cine bélico. Y otros que argumentan que son dos películas diferentes. Opinión ésta última, de la que discrepo absolutamente, pues es precisamente, la preparación,  lo que les da la fuerza necesaria, no sólo a nivel físico, sino también emocional, a los personajes en los posteriores momentos de combate. Pese a que, ni siquiera, todos salen en las dos partes, no puedo ni imaginar como reaccionaría el espectador viendo a Pedazo de Animal decir: “mejor tú que yo”, en el funeral de dos de sus compañeros, sin haber visto previamente esos discursos, tan terriblemente crudos como brutalmente cómicos, del sargento Hartman, que me han hecho reír dolorosamente, tanto viéndolos como comentándolos e incluso recitándolos, con mis amigos más cinéfilos.

Discurso inicial del Sgt. Hartman a sus nuevos reclutas

Ese humor tan negro o Kubrickiano, si me lo permiten, está presente a lo largo de toda su obra y no sólo en ¿Teléfono Rojo?, Volamos Hacia Moscú, única “comedia” filmada por él. Y entrecomillo la palabra comedia porque, a parte de tener una clara vocación cómica, véanse las pedazo interpretaciones del genial (repito lo dicho en el primer párrafo sobre esta palabra) Peter Sellers, o de esa escena final afortunadamente eliminada, pero rodada, en la que todos los personajes presentes en la sala de crisis del Pentágono se enfrentaban en una guerra de tartas y acababan todos con sus caras barnizadas en merengue. También es un thriller político revestido con una irónica crítica tanto a Estados Unidos como a Rusia por sus políticas de defensa, además de la de destrucción nuclear mutua asegurada, en plena Guerra Fría.

Secuencia de los créditos iniciales, que según el propio Garci
goza de un marcado sentido sexual, de Dr. Strangelove Or How I Learned To Stop Worrying And Love The Bomb, título incomprensible a priori pero que luego cobrará un gran significado al término de la historia.

Por tanto, en Barry Lindon, por ejemplo, desde la escena inicial ya se siembra esa dinámica de un perdedor con aires de grandeza que tanto le gustaba a nuestro maestro del Bronx. 

Y es que el bueno de Redmond Barry, a pesar de sus innumerables fracasos personales, consigue ir ascendiendo de nivel social, y a medida que lo hace su bola de falsedades va engordando, cuál pelota de nieve, hasta explotarle en la cara. Haciéndonos cómplices de todas sus pillerías y pícaras estratagemas para su escalada, mientras que a él, lo único que llega a importarle es la vida es su hijo.

Escena inicial de Barry Lyndon al ritmo de “Sarabande” de Schubert.

Como decía, cuando uno ve cualquiera, de los trece filmes de Stanley Kubrick, sabe que es suyo, no por el género de éste, ya que tocó prácticamente todos; ni tampoco por sus abundantes rasgos técnicos, que superpueblan todos ellos. Sino, por esa sorna tan pendenciera que desprenden todos ellos.

Si no han visto sus películas, ¡no sé a que esperan para hacerlo!

 

1 A modo de confesión, he de admitir que Eyes Wide Shut, la cual he visto sólo una vez, tampoco me gustó tanto como para que se produzca en mí el efecto de absorción del que hablo.

2 “A veces es mejor quedarse callado y parecer tonto, qué hablar y despejar todas las duda” Mark Twain.

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