Le Souffle au coeur – Un soplo en el corazón (Louis Malle, 1971) vs. Les quatre cents coups – Los 400 Golpes (François Truffaut, 1959)


Una noche, entre semana, tuve la suerte de ver que estaban poniendo en La 2 esta película (Un Soplo en el Corazón) y de quedarme viéndola, puesto que me engancharon sus melódicas escenas. Y digo melódicas, no sólo por la música que las acompañaba; que no era, ni más ni menos, que el, para mí entonces desconocido, jazz de Charlie Parker o Dizzy Gillespie, entre otros. Sino, por la música que tocaban los personajes con sus acciones. Y es que, la relación de los hermanos mayores con el pequeño Laurent, ya despertó en mí un gran interés, aunque sólo fuera por el hecho de no haberlos tenido yo, (hermanos mayores). Me atrajo esta  trama en la cuál sus ancianos camaradas, no sólo le instruyen en literatura, música, y en la fiesta (alcohol, cigarros y mujeres) sino también en el sexo, llevando de putas al chaval; al tiempo que le hacen las típicas putadas de hermanos mayores, que sí conocía (por ejecutarlas).

-Tienes que elegir, mujeres o cigarros.
– Cigarros.

Con esta tonada narrativa, Malle nos presenta al protagonista: El joven catorceañero, a quien su amantísima (e italiana) mamma cariñosamente llama Renzino. Un chico bastante culto y muy listo que va aprendiendo las tretas de la vida, para ligar con chicas y destacar en clase.

Primera secuencia de Un Soplo en el Corazón.

Una vez que ya conocemos a Laurent, vemos en él una picardía que nos recuerda a la de Antoine Doinel en Los 400 golpes, pero que por suerte para él, y para el film, va por otros derroteros. Mientras que en la de Truffaut, el héroe termina encerrado en un reformatorio; en esta, Laurent acaba en un balneario acompañado de su madre para tratarse de sus males cardiacos.

Por qué comparo ambas cintas, se preguntará el lector, pues la respuesta es simple:

Porque gracias a mi reciente suscripción a la plataforma FILMIN y viendo su impresionante catálogo, decidí adentrarme un poco en la Nouvelle Vague francesa. Y tras haber visto la ópera prima de François Truffaut, me decanté por revisar esta auténtica obra maestra de Louis Maille, la cual trata de un chico de la misma edad que el de los 400 Golpes (¡14 añitos!). Resultándome ésta mucho más atractiva, a parte de por los motivos ya relatados, principalmente por el cierre, en el cuál tras mostrarnos un episodio algo difícil de digerir, nos lleva en volandas a una conclusión mucho más grata:

Tras huir del cuarto de una hermosa chica con la que ha dormido, Laurent trata de entrar a hurtadillas en su habitación, pero se encuentra ahí a su padre y hermanos y piensa: “¡Buff, me han pillado!”. Pero al caer éstos en que el benjamín lleva sus zapatos en la mano, empiezan a reírse, contagiándose todos los allí presentes, así como el espectador, de una gran carcajada. Por lo que te deja un buen sabor de boca.

Plano en la secuencia final de Un Souffle au Coeur.

Mientras que Los 400 Golpes, finaliza con una huída hacia ninguna parte de un Antoine, que se despide mirando a cámara, en una playa frente el mar. Lo cuál, se supone que era su mayor deseo. Pero ante lo que, al menos uno, se queda totalmente apático.

Plano final de Les 400 Coups.
Secuencia final de Los 400 Golpes.

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