#PepeSolo


Lo único que quedaba de las seis botellas de cava Jaume Serra a las doce menos cuarto era el poso del vaso sobre la mesa desnuda. El año pasado habían caído cuatro, pero fueron del champagne Veuve Clicquot que le vendió Javi antes del despido. Pepe yacía en el sofá con un programa musical de fondo. Era parecido a uno en que llegó a colaborar como jurado a principios de la década: profesionales y sus alumnos se cambiaban los roles: los profes practicaban y los alumnos les corregían y entrenaban, aunque no tuvieran base alguna. El cuerpo no le daba para más porno a esas horas. El programa estaba entretenido, pero se sentía mejor bajo el calor de Twitter. Sus tuits de las nueve y cuarto y las nueve y veintidós, en los que pedía al Rey un sitio en su mesa en nochebuena y donde publicaba una foto sobre su navidad lamentable, habían tenido cierto eco en la red. #PepeSolo fue tendencia durante un rato. España se compadecía del humor ácido de un cincuentón solitario que descubre demasiado tarde lo importante que es construir o mantener una familia. Recibió mensajes de miles de personas de todo el país en cuatro idiomas. Decían ofrecerse a acogerlo en sus hogares y solucionarle la soledad y la vida entera. Las publicaciones posteriores tuvieron menos eco: pasadas las diez, internet se había vencido al mundo real y a las arrejuntadas familias con prisas por brindar. El siguiente hilo de Pepe, #cuentosdenavidad, narraba en mayor profundidad la triste nochebuena de un viejo alcohólico y adicto al porno que llevaba ocho meses desempleado y encontraba respuesta a su desgracia en los más de veinte años sin hablar con su madre. Recibió algunas lamentaciones más. A unos les pareció una historia victimista, un destino merecido, o un cliché. Otros denunciaban que su historia daba mucha más pena. La mayoría no leyó. Nadie reaccionó a la débil advertencia de Pepe de acabar con su vida in situ, a eso de las once y veinte. Twitter era un absoluto desierto a medianoche, y #PepeSolo parte de la historia efímera de las cosas que pasan en internet y de las que no cambian por mucho cuento de navidad que se escriba.

Jaime Pérez-Seoane Z

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