Divina Tragedia


Debía haber revisado el tiempo antes de salir. Pero, ¿cómo iba a saber que haría este frío a las puertas del otro mundo? ¿Era eso lo que su profesor de religión, aquel achaparrado hombre de aroma a naftalina y piel de pájaro, llamaba el purgatorio? No recordaba que hubiera mencionado la temperatura del lugar, ni que la aplicación weather for iPhone ofreciera la información climatológica del más allá. Manda napias morirse el once de junio, con lo bien que se muere uno en navidad. La muerte estival te pilla en alpargatas y bañador o, si la tarde ha caído ya, véase el caso, en unos calzoncillos roídos. “Vístete siempre para impresionar”, resonaba su madre, que en vida descanse. “Vístete como si te fueras a casar”… “Nunca sabes con quien te vas a encontrar hoy”. Toda la razón, madre. Podía prepararse para una eternidad soltera en el mundo de allá, soltería ad eternum. Además, muerto en martes. Hoy llegará la compra, puntual a las 16:00, y no habrá nadie para recibirla. Qué desastre…

Jaime Pérez Seoane Z

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