¡Es la campaña, idiotas!


Que suenen las fanfarrias y trompetas, estimado público, vuelve la fiesta de la democracia. A pocos días de que comience la campaña electoral para las próximas elecciones generales –cuyo resultado da casi más miedo que lo que ocurre ahora- los políticos afilan caninos y uñas para sus rivales y practican la mirada cándida y la sonrisa Profident para los votantes.

Pero lo cierto es que, de un tiempo a esta parte, vivimos en una permanente campaña electoral. A veces me levanto agitado entre sudores en medio de la noche porque sueño que hoy no va a haber un medio de comunicación o partido que no saque alguna nueva corruptela de alguna formación política o gerifalte provincial o sindical rival que sirva para azuzarme contra mi vecino o alguna sociedad de hace diez años en la que haya participado el individuo a defenestrar o que este tenga un tío en Granada que cobra pensión de invalidez pero los domingos acude a su pequeño huerto a recoger tomates. Luego despierto y me tranquiliza ver que todo sigue su marcha. La indignación está asegurada y con ella el partido que hace suya la bandera para evitar que señores desalmados como el tío de Granada se aprovechen del sistema. Lo divertido de las últimas es que, además de a las masas, ahora nuestros amados líderes tienen que cogérsela con papel de fumar y mimar mucho, muchísimo, a las minorías. Porque nada puede hacernos enfadar tanto a los dignos votantes como que alguien se pase de la raya y utilice sólo el masculino cuando hable en plural, no prometa una ley para los manteros –que tienen hasta su propio sindicato a pesar de ser una actividad ilegal y encima apoyado oficialmente por los que dicen hablar en nombre del pueblo, bueno vale, esto lo hacen todos- o no asegure un mundo de felicidad ilimitada sin deberes ni reprimendas de padres o profesores para nuestros niños bajo la atenta mirada de monjas y sacerdotes.

¡Pero ay del que cometa este fatal error! Qué fácil lo van a tener sus rivales. Cuánto odio van a incitar en la población, parte y juez, para convencerles de que hay que indignarse para ir a votar. De que el que piensa diferente es una amenaza que quiere abrir las fronteras y que entren aquí todos los moros y negros del mundo a violar a nuestras hijas y ver nuestro Netflix en nuestro sofá o que pretende que reces el rosario todos los días y forniques solo en postura del misionero y con fines reproductivos.

Por eso mismo se descalifican, no todos los individuos pero a día de hoy sí todos los partidos. Porque a votar no se puede ir enfadado aunque haya razones para ello. Porque la democracia consiste en transigir aunque no coincidas, en dialogar aunque no vayas a convencer ni ser convencido. En entender antes que juzgar y eliminar.

Pero eso sí, mientras nos prometen que las mujeres van a gobernar el mundo, que los inmigrantes van a ser expulsados y que nuestros niños van a ir al colegio en nubes de algodón y nadie les va a levantar una ceja, los alquileres y precios no paran de subir y los salarios no paran de bajar. Los hospitales públicos están a medio equipar y hasta los topes de pacientes, los pensionistas se agostan en su pobreza como las verduras demasiado maduras que alcanzan a comprar con su limosna pública, la educación empeora y la juventud se marcha de este presente miserable que anticipa un futuro inmundo.

Y sin embargo los mítines estarán llenos a rebosar de exaltados seguidores con espuma en sus bocas y las urnas repletas de papeletas de confiados ciudadanos que todavía creen que hay algo que hacer. Pues eso, es la campaña, idiotas.

 

Carral del Prado.

Anuncios

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s