FEMINISMO. EL DOGMA OFICIAL.


Cuando escribes una historia uno de los “trucos” para darle identidad a tus personajes es construirles un enemigo. Superman es sencillamente bueno porque Lex Luthor es sencillamente malo. El capitán Ahap es un personaje complejo y abstracto porque Moby-Dick (o lo que ésta representa) es un enemigo con características similares. Nos definimos a través de lo que combatimos. Yo soy “Yo” por lo que quiero y por lo que odio.

Esta forma de construir una identidad se acentúa en los colectivos. Capitalismo/Comunismo, EE.UU./Rusia, Israel/Palestina, y tantos otros ejemplos. Con el feminismo está ocurriendo algo similar. Puedo entender la crítica al ideal masculino que ha prevalecido durante los últimos 2000 años porque ha conseguido que vivamos en un charco de mierda, mierda principalmente masculina. El estereotipo del hombre duro, aventurero, protector, decidido e independiente reflejado en las obras literarias desde Homero hasta Hemingway está siendo denostado. Lo que no entiendo es que el FEMINISMO critique ese comportamiento bravucón, adoptándolo, asumiéndolo como propio. Es como esos empresarios que se hacen millonarios cobrando en negro y luego se quejan de la corrupción política. – Lo que haces no está mal, lo que está mal es que seas tú y no yo, el que lo hace- . La conclusión lógica es que la crítica no está en la conducta sino en el grupo, en este caso biológico, que la ejercía.

Acabar con una tiranía para imponer otra exactamente igual pero ejercida por -otros- no es algo nuevo en la historia de la humanidad. Lo que sí es nuevo es que esa tiranía sea femenina porque si hay algo bueno que recordar de estos miles de años de “opresión masculina” es el estereotipo de la mujer. La inteligencia, la ternura, la bondad, la delicadeza, la fuerza, la seguridad, la falta de crueldad, son atributos esencialmente femeninos que la mujer “feminista” actual rechaza porque son los que ha impuesto el “heteropatriarcado”. La necesidad de una sociedad más femenina es evidente, la lucha por la igualdad de derechos y oportunidades es necesaria. Pero si el camino determina el destino,  el movimiento feminista está destruyendo cualquier posibilidad de alcanzar esa pretendida igualdad.

La extrema intransigencia con la que el feminismo actual (siento la reiteración del actual pero es justo subrayar que no siempre ha sido así) exige una sumisión dócil a las instrucciones del movimiento, es propia de los regímenes totalitarios. Nadie puede obligarte a asumir un dogma oficial renunciando a un juicio crítico propio. 

Rodrigo Ruiz-Gallardón

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