Que no la hagan.


Hace poco, al hilo de la celebración de la trigésimo tercera edición de la gala de los premios Goya en Sevilla, el director y guionista español Borja Cobeaga, en respuesta a una petición del partido de ultraderecha Vox a la Academia del Cine Español de hacer una película sobre el almirante Blas de Lezo, respondía que no la iba a hacer porque “no le da la puta gana”. Y me parece fenomenal, al margen de sus motivaciones para no hacerla, sólo faltaba. Cézanne decía además que aquel arte que no tiene sentimiento no es arte. Claro que un artista no tiene por qué hacer nada que no quiera hacer y menos a petición de un partido político y menos todavía de uno que es tan populista como el que más. Pero luego seguía diciendo que si querían hacer una película sobre “un conquistador demediado” que la hicieran ellos. Y ahí ya lo que hizo fue demostrar su propia ignorancia o su cojera –qué bien viene aquí esta expresión- de una corriente política.

Porque reducir al brillante y valiente marino, guipuzcoano como el propio Cobeaga, a un mero militar mutilado es no conocer su historia ni la magnitud de sus gestas que merecen sin discusión las más grandes novelas o películas épicas. El problema radica realmente, más allá de las opiniones de Cobeaga con el que me he partido de risa en muchas de sus películas con sus brillantes gags –mención especial aquí al genial Juancarlitros en No Controles-, en que hay una gran parte de la sociedad española que considera a Lezo un villano y no un héroe. Porque por perversión extranjera y nacional, condicionada en este último caso por la ideología política, hemos asumido y pregonado nosotros mismos una de las partes más increíbles e interesantes de la Historia de España como una época negra de turbios y viles personajes movidos por la codicia o el fanatismo religioso que sólo querían oro y mujeres frente a inocentes y bondadosos indígenas pacifistas, catalanes demócratas, ingleses progresistas o incluso españoles que luchaban por una libertad auténtica. Y no es así, ni mucho menos.

Para empezar porque aunque sea terriblemente fatigoso repetirlo, la Historia no se puede juzgar con la moral de los tiempos en los que vivimos. Pero además porque cualquier persona medianamente culta y leída, con un pequeño atisbo de inteligencia, sabe reconocer en Lezo, Elcano, Cortés –lo de que el gobierno de España no tenga intención de celebrar los quinientos años de su llegada a México y su posterior conquista no tiene nombre y merece otro artículo-, Pizarro o Colón,  por mencionar a los más polémicos, a grandes y esforzados individuos que vivieron aventuras increíbles y tuvieron la capacidad, contra todo pronóstico y con escasísimos recursos, de superar inmensas e inhumanas adversidades gracias a su inteligencia y dedicación, con los valores morales y éticos de su época más firmes que los de muchos otros incluidos en ellos todo lo desagradable de esos tiempos que nos pueda parecer ahora. Pero este artículo no va de rebatir la Leyenda Negra, no. El que quiera quitarse la venda de los ojos ahí tiene el magnífico libro de María Elvira Roca Barea para hacerlo. No. Resulta que finalmente sí que va a hacerse una serie sobre Blas de Lezo. Y lo cierto es que, tristemente, yo prefiero que no la hagan. Porque si atendemos a los precedentes y a la corriente ideológica mayoritaria en nuestro cine –con los últimos lamentables y falsamente típicos ejemplos de las películas Oro y 1898: Los últimos de Filipinas- con toda probabilidad el almirante de Pasajes será representado como una especie de franquista, machista, carnívoro y esclavista frente a pobres almas cándidas de indios, británicos y catalanes que sólo quieren vivir en paz.

Y si no es así, cosa que dudo, acabará convirtiéndose en un motivo de crítica por no hacer apología de los valores de igualdad mágica, vegetarianismo cósmico, y felicidad interracial y entre especies que domina hoy en día. Y entonces veremos a políticos, expertos y tertulianos españoles en general, ignorantes todos ellos, divagar y decir pamplinas en todas las televisiones y redes sociales sobre lo malos que hemos sido a lo largo de los siglos. Y los verdaderos amantes de la Historia volveremos a sentirnos defraudados ante una nueva oportunidad perdida de contar nuestro alucinante periplo vital como país.

Así que, sintiéndolo en lo más hondo de mi corazón de niño que ha crecido leyendo las grandes epopeyas de todos ellos, yo pido que no hagan la serie ni la película. Que no la hagan, por favor.

 

Carral del Prado.

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