Historia del Futuro.


La Historia, por lo general, se estudia en el colegio de una forma esquemática y sintetizada para poder comprenderla de forma global. Nos basamos en grandes acontecimientos que tuvieron repercusiones intensas y más o menos inmediatas y que luego se dejaron sentir a lo largo del tiempo sobre un número de personas o territorios lo suficientemente grandes para que su influencia llegara hasta nuestros días. Luego aquellos que se convierten en especialistas llegan a saber cómo vivían, trabajaban o qué comían desde los sumerios hasta los aztecas pero esos detalles son demasiado concretos para el gran público.

Por eso casi cualquier persona de este planeta sabe quién fue Julio César, Carlomagno, Hernán Cortés o Napoleón. Aunque luego es posible que no sepa profundizar demasiado. Sin embargo no siempre en los tiempos en los que ocurrieron estas grandes cosas la gente les daba la importancia que luego se le ha dado, y ahí estamos ahora nosotros.

En el siglo XX y en lo que llevamos del XXI han tenido lugar numerosos hitos que han revolucionado el mundo y que aparentemente serán objeto de estudio dentro de cien, doscientos o trescientos. Pero eso será si queda alguien aquí para estudiarlo y si tiene tiempo para hacerlo y no morir de hambre. Porque es probable que en vez de estudiar, o darle la importancia que ahora tienen, el descubrimiento de la penicilina o de la cadena de ADN, la llegada del hombre a la Luna, la caída del muro de Berlín, el atentado de las Torres Gemelas o la gran crisis de las hipotecas se estudien cosas muy diferentes.

Para empezar habrá que enseñar a entender a los niños del futuro por qué el planeta en el que viven se ha vuelto tan hostil y yermo y por qué hay tantos problemas de refugiados climáticos que no tienen una tierra donde poder vivir. También habrá que explicarles que la dieta de gusanos, cucarachas y escarabajos que comen a diario es muy diferente a la que comíamos en esta época y que salir por algunas zonas sin mascarilla protectora es peligroso para sus pulmones. También que el agua potable es un bien muy escaso y que bañarse en el mar es muy perjudicial.

Supongo que, como hemos hecho nosotros con otras épocas, a la nuestra le pondrán un nombre y no creo que sea muy benevolente. Y en vez de estudiar esos hitos, que para nosotros son lo fundamental de esta época, estudiarán lo absurdo de nuestra economía del crecimiento a cualquier coste y estudiarán con rencor cómo aquel país decidió seguir apostando por el petróleo en vez de por energías renovables, el presidente que lo hizo, la empresa que siguió vertiendo residuos tóxicos a los mares, la que taló el Amazonas, el otro estado que decidió no proteger su fauna y cazar ballenas hasta su extinción, el grupo de políticos que cedió ante los sobornos y permitió las prospecciones petrolíferas en los polos, los que siguieron fabricando plásticos no biodegradables sin control, etcétera.

Nos odiarán por su presente y nos envidiarán por nuestro pasado pero quizás no sea tan lejano ese futuro y seamos nosotros los que nos sintamos así. Por suerte esos humanos del futuro podrán aplacar su ira contra nosotros y sentirse en paz durante un rato cuando vean en un documental a un oso polar nadar tranquilo y prístino entre témpanos de hielo o a una manada de leones desperezarse amodorrados en la sabana o la magnificencia de una interminable cúpula de árboles verdes en una jungla cualquiera. Y al terminar esa paz, de nuevo odio por nuestra culpa y su realidad.

 

Carral del Prado.

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