Dispersiones españolas.


La crisis política de Venezuela nos obliga a tomar partido. Se nos ha negado la posibilidad de seguir permaneciendo neutrales. En Caracas se cometen más de cuarenta asesinatos al día, la mayoría de ellos relacionados con la falta de alimento. Uno de los países con más recursos naturales del mundo pasa hambre y sus ciudadanos se están matando por ello.

La autoproclamación de Juan Guaidó como “presidente encargado” del país nos remite a la siguiente reflexión ¿Debe un ciudadano de un Estado tiránico someterse a la ley? El hundimiento de la URSS puso en evidencia una verdad conocida por la humanidad desde tiempos de los griegos. La anarquía es peor que la tiranía. Los estados comunistas tenían una legislación injusta, una administración opresora y un control social asfixiante, cierto; pero en esas leyes ineficaces, en ese estado totalitario, en esa cultura censurada había cierta estabilidad o capacidad de adaptación. La ausencia de todo poder, de toda ley y de todo orden que siguió el hundimiento de estos regímenes es peor, porque supone el imperio del crimen organizado, de la fuerza bruta.

Es cierto, que si nos vamos a los máximos, los crímenes más atroces de la humanidad los han cometido Estados y no asociaciones mafiosas o grupos terroristas pero la civilización sólo es posible garantizando los derechos naturales de los individuos a través de leyes respaldadas por la fuerza del Estado. Y sin embargo, frente a situaciones extremas debemos estar dispuestos a transgredir esas leyes. La dificultad está en determinar esa situación extrema sin convertirte tú en el tirano al solo obedecer lo que como individuo consideras justo. Por concretar, creo en la necesidad del Estado como pilar sobre el que construir una sociedad pero nunca en su infalibilidad.

El movimiento neoliberal se apoya en los, por desgracia cada vez más numerosos, Estados corruptos, para reforzar su teoría de que no solo no son necesarios sino que además son dañinos. Lo que pretende el neoliberal es eliminar todo poder que no sea económico construyendo así un modelo social más parecido a un Estado totalitario que a sus pretendidas anarquías en apoyo del individuo y la meritocracia.

Y hasta aquí mi chapa “semanal”. Prometo algo más entretenido en las próximas entregas o por lo menos algo más coherente.

R.R.G.

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