Héroe Nadal


La miseria y la grandeza humana se manifiestan ante nosotros a diario y en tantas ocasiones que nuestras mentes guardan solo algunos de esos ejemplos, a menudo además a través de una narración plagada de vicios. La semana pasada señalé a los medios de comunicación (muchas excepciones existen) por su terrible papel y su alguna responsabilidad en los tiempos que corren. En la lista de reprochables se encuentra priorizar la comunicación de la miseria frente a la de la grandeza. De hecho, la práctica habitual es obviar con frecuencia lo segundo, algo incomprensible en una era que necesita, como en los tiempos antiguos, el resurgir de la figura del héroe.

La grandeza está en todas partes, pero a menudo no se percibe. Vive cómoda en la humildad, lo cual no ayuda a que sea recurrida en tiempos de vanidad y complacencia. Desde hace trece, catorce años, o treinta y dos si se asume que fue grande desde el nacer, el mejor deportista español de todos los tiempos vive instalado en esa humildad. Es Don Rafael Nadal, el hombre ejemplo.

Nadal es como un lucero cuya luz siempre se distingue por lejos que quede. Su arrollador éxito en el abierto de Australia (finalista contra pronóstico) es una consecuencia de su esfuerzo como constante vital. Hace solo tres semanas, el mundo del tenis asumía que Nadal estaba de paso en las pistas esta temporada, que utilizaría el circuito como un gran pasatiempo, una excusa divertida para volver a disfrutar después de meses de operaciones, dolor y sombras. Sin embargo, ha alcanzado la final del primer Gran Slam del año sin ceder un set y funcionando como una máquina ante cuya marcha ni siquiera Trump podría imaginar un muro.

Para lo deportivo, les “recomiendo mucho” (expresión colombiana que adoro) revivir los grandes partidos de Rafael en este torneo, incluida la semifinal de esta mañana. Y por supuesto, si les gusta el buen deporte, madruguen el domingo, o no duerman, pero no dejen de ver al titán de los titanes en acción.

En lo humano, solo quiero sugerir que ante cualquier dilema de los que se nos plantean a diario en esta época del relativismo, recurramos a los héroes y su ejemplo. No se trata de ser simplista ni preguntarle a Rafael Nadal qué haría con Cataluña, Nicolás Maduro o la asignatura sobre historia vasca reciente, aunque presiento coincidiríamos en casi todo. Me refiero a inspirar nuestras ideas en grandes valores y grandes personas, y no solo en deportistas desde luego. En mantener la creencia en la raza humana, discutir la norma desde la norma y hasta dar los buenos días y las muchas gracias. De trabajar, estudiar, entrenar, y hacer más héroes, de ser más héroes, para que el rumbo de nuestro mundo se retome, tarde o temprano. Mientras, vamos Rafa.

Jaime Pérez-Seoane Z

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