aPPocalipsis


Incomprensión. Desconcierto. Perplejidad. Alucine. Son algunas de las palabras que sugiere lo visto este fin de semana en la convención nacional del Partido Popular. José María Aznar redivivo junto a su aspirante a imitador juntos en un escenario apelando a las masas a recuperar el lugar que perdieron. José María Aznar, el mismo presidente del milagro económico español, el de los más de diez millones de votos, el de las tasas de paro más bajas, el del germen de la burbuja inmobiliaria, el de la guerra de Irak, el de casi todos sus ministros imputados o entre rejas por corruptelas varias…

¿Cómo de desesperado tiene que estar un partido para recuperar a alguien que causa tanta división no solo en la sociedad sino dentro de sus propias filas? Pues mucho porque le adelantan por la derecha y por el centro. Pero resulta que es la misma formación que ha confiado su liderazgo a un tipo que mintió y sigue mintiendo descaradamente sobre su formación y experiencia profesional, la cual es prácticamente nula; puede suponerse. Pero venga, vamos a ser benévolos. Nunca ha ido mejor la economía que con Aznar, vale. Pero es que recuperan no sólo al único presidente del mundo que no ha reconocido el error de la guerra de Irak sino que están recuperando también al marido de la antigua alcaldesa de Madrid –que llegó a ese puesto sólo por ser su mujer-, condenada junto a siete miembros de su equipo a pagar veinticinco millones de euros por la venta irregular, por debajo del precio de mercado, de casi dos mil viviendas públicas a fondos buitre en los que había amiguetes suyos.

Es el mismo partido que de pronto se ha visto al frente del gobierno de Andalucía cuando su candidato estaba haciendo las maletas y su equipo buscando trabajo. Aunque en este caso el cambio sea bueno pero, una vez más, el timonel sale de las calderas del partido.

Claro que si se mira al otro lado se encuentra con el presidente del gobierno dos veces enterrado que afirma, el andoba, que son el partido del sentido común. Porque lo común es plantear una moción de censura para convocar elecciones y no convocarlas; gobernar en una minoría secuestrada por los que no quieren más que destruir; y encima darles más cuanto más gritan como si no supiera todo el mundo que a los niños caprichosos lo que hay que hacer para educarles es precisamente no ceder a sus exigencias.

En el otro lado está el iluminado que viene de las filas de Josemari a renovar la derecha y resulta que es otro mediocre que ha medrado a base de ser miembro de partido y que ha cobrado un dineral siendo el único empleado de una fundación pública auspiciada por ese mismo partido.

Y entretanto, en el otro extremo, la Historia se repite y la extrema izquierda cae de nuevo en el personalismo y en acallar las discrepancias internas, se olvida de las asambleas en las que se agitaban las manos para aplaudir silenciosa e ingenuamente y acaba, una vez más, con todos sus ideales.

¿De verdad no hay otro sitio donde rascar? ¿No hay gente un poco más válida por ahí? La respuesta es no, no la hay. Por lo menos dentro de estos partidos o, siendo justos, entre su dirigencia.

Por eso la conclusión es que todos se han quitado el velo, que es el significado original de la palabra apocalipsis. Y ahora debería tocarle al votante hacer lo mismo.

 

Carral del Prado.

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