Las preguntas y el reloj


Aunque la norma mande abrirlas y cerrarlas con un signo de interrogación, las mías se abren a la carrera y se cierran con un suspiro seco. Es la prisa que llevo, el hambre de mundo que me hace dar más vueltas a la tierra que la tierra misma, que exige formularme las preguntas con poca pausa. Voy tan rápido que en mi reloj todavía marca uno de enero; es el mundo el que termina comiéndome a mi. Mi novia dice que tengo problemas de dicción, y cómo no los voy a tener, si pienso más rápido que hablo. Por eso escribo, supongo, aunque sea poco últimamente. Escribir deja pensar en punto muerto. 

Algún rapero que coqueteaba con el pop dijo que la vida es lo que pasa mientras mueres. Si los medios de comunicación son un reflejo de nuestra sociedad, hoy la vida es lo que pasa mientras la política va a la deriva, las mujeres siguen siendo minoría con todas sus consecuencias, y las historias tristes de niños perdidos venden más que cualquier secuela de Peter Pan. 

Cada cinco o seis días muere una mujer por violencia de género y eso tenemos que denunciarlo todos y mucho. 976 muertas desde 2003, cuando se empezó a contabilizar esta lacra, y seguro que se escapan varias decenas. Los medios han convertido este en su segundo tema, probablemente, detrás de la mediocre actualidad política. Pero los números no cambian. ¿Qué estamos haciendo mal? 

No paso de la política, pero lo que dicen los políticos me importa menos que poco hasta que los actos los vuelven norma, y condicionan la existencia. Me alegro del cambio de gobierno en Andalucía, aunque me entristece el panorama general: más allá de las ideas, me revuelve la falta de liderazgo. 

Y luego está la historia de Julen como ejemplo de otras tantas. El Niño que se cae a un pozo, el drama de su entorno y la carrera contrarreloj y contra esperanza por encontrarle. Pobre muchacho y pobre familia. Y pobre país, cuya capacidad para empatizar depende del drama desesperado. 

Me gustaría correr menos por la vida tanto como ver en los titulares, portadas y aperturas de programas de radio historias de liderazgo, éxito, aprendizaje, unión. Me gustaría conocer a los políticos buenos si los hay en alguna parte. Saber qué pasa con la ciencia en este país y aprender del momento que vive el arte, y ojalá descubrir que no se hunde entre las sombras de este tiempo. Querría oír historias de amor de género al menos alguna vez, aprender de mujeres exitosas que superaron las barreras o a las que sí se dio esa oportunidad. Sería un buen momento para todo esto. Aún es uno de enero, al menos en mi reloj. 

Jaime Pérez-Seoane Z

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