Vacíocracia.


Entre la clase política es muy habitual retorcer hasta el absurdo el lenguaje para adaptarlo a los intereses del momento. Así a todos los que nos pilló aquel tiempo, desgraciadamente, recordamos los famosos “brotes verdes” o, mejor todavía, el “crecimiento negativo”, audaz oxímoron de alguna privilegiada mente de aquel gobierno. Estas expresiones no hacían sino vaciar de contenido una realidad que podía resumirse de una forma llana y sincera como “nos encaminamos al desastre y no sabemos qué hacer”.

Un poco más tarde llegó el “despido en diferido”, una mentira descomunal y surrealista que vaciaba de contenido, una vez más, una situación que podía haberse descrito fácilmente como que resulta que había un grupo de sinvergüenzas lucrándose sin pudor a costa de su posición de poder y a costa también de los mismos ciudadanos a los que esa persona, ese partido y ese gobierno mentían vilmente. Y era comprensible que mintieran pues estaba metidos en esa corruptela hasta las cejas.

El vaciamiento a día de hoy ha llegado a extremos que, incluso con estos antecedentes, resultan esperpénticos. Unos hablan de diálogo cuando lo que quieren es sentarse a una mesa para que les firmen sus peticiones, sin discusión y sin escuchar. Hablan también de dictadura en una democracia y vacían de contenido la propia palabra dictadura. Y lo hacen conscientemente y no ven el peligro de hacer creer a incautos y a fanáticos que no tienen libertad. Otros consideran un escrache la voluntad libremente emitida del pueblo en las urnas, por muy poco prudentes que puedan ser esos votos, y animan a hacer uno contra un gobierno legalmente constituido. Los hay también que se llenan la palabra de cambio, un cambio nuevamente vacío pues no es el que esperan y reclaman los gobernados. También hay lumbreras que vacían la palabra enemigo y califican así a los que saben que destapan sus vergüenzas. Y de esta forma encaminan a sus ingenuos adeptos a una pérdida de libertades aplaudida e inconsciente.

Así tras la ineptocracia y la cleptocracia la tríada la finaliza la Vacíocracia en la que todo está vacío –las instituciones, los medios, los profesionales, nuestras cabezas- menos el saco de estupidez e ignorancia que cargan algunos dirigentes. Y con el que de paso nos van cargando a nosotros.

 

Carral del prado.

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