La mujer del cuadro.


 

Hoy ha salido en el periódico la noticia de la restauración del famoso cuadro de Caravaggio, Santa Catalina de Alejandría. En él aparece una representación de la santa, sentada sobre una rueda y con una espada en la mano. Más allá de la genialidad del artista en su manejo de las expresiones y los juegos de luces y sombras, lo interesante de este cuadro es también su protagonista. Pero la humana, la modelo. Como era costumbre en el pintor italiano, eligió para el trabajo a una joven prostituta. En este caso de diecisiete años.

Al conocer la historia uno se para a pensar en cómo juzgar esa situación. Lo académico en este caso sería abstenerse de juicios emitidos desde nuestros tiempos y nuestra moral pues es incorrecto analizar la Historia desde esa premisa. El culto opinaría que juzgar a un genio como Caravaggio por el discurrir de su vida y por cómo lidió con sus circunstancias no sólo no hace mella en su faceta como ser humano sino que acrecienta la de su arte. Un creyente tradicional quizás admiraría la expresión de la santa, tan humana que resulta divina, pero tendría sus reservas al pensar que la modelo de tamaña muestra de santidad es una vulgar prostituta callejera. Y probablemente el economista y el ignorante coincidieran en preguntar cuánto cuesta el cuadro.

Pero lo cierto es que es una obra de arte admirable. Por el propio lienzo y por la historia que esconde. La vida de esa pobre niña de diecisiete años, obligada a sobrevivir a base de prostituirse en unos tiempos mucho más duros que estos –véase en este rincón del mundo-, tuvo que ser un drama humano de dimensiones terroríficas. Pero por los pequeños trucos con los que el caos nos desconcierta y maravilla cada día, la niña se topó con un pintor pendenciero, alejado de los círculos oficiales de la época, pero dotado con un don inconmensurable que la hizo arte e inmortal.

Toda esta reflexión por un cuadro. Un poco más arriba de esta noticia abría la edición digital del diario el hallazgo del cuerpo de un joven zamorana que, todo indica, ha sido asesinada de una forma vil cuando salía tranquilamente a correr por el pueblo donde vivía. Era profesora, tenía veintiséis años y había llegado hacía menos de dos semanas a ese pueblo de Huelva donde algún malnacido ha decidido acabar con su vida. Entre maldiciones a este mundo sale pensar que a lo mejor algunas cosas de los tiempos en los que vivió la joven del cuadro no han cambiado tanto. Quizás a Caravaggio esta noticia sólo hubiera conseguido provocarle que levantara un rato la vista del lienzo. O de la jarra de vino.

 

Carral del Prado.

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