ballon d´or


El pasado lunes, media España sufría o celebraba la mediocridad de la clase política.
Caída la noche, el mundo del fútbol, otro donde las cajas B y los pactos con el diablo son peccata minuta, vivía la entrega de su premio individual más prestigioso (con decenios luz de diferencia por delante de The Best, el premio de la FIFA): el balón de oro.
El premio lo entregaba como siempre desde 1956 la revista France Football, magacín francés que se ha hecho con la autoridad para decidir quién sí y quién no en el mundo del balompié y lleva moviendo la batuta desde 1956. Como la Guía Michelin en el comer, más o menos.
Diría el dicho, si lo hubiere, que el Balón de Oro es el premio para el mejor jugador de fútbol que inventaron los franceses y que siempre ganan Messi o Cristiano Ronaldo. Ateniéndonos al palmarés de la última década, qué más vamos a decir. Hasta el lunes, en la última década habían reinado Cristiano (2008, 2013, 2014, 2016, 2017), y Messi (2009, 2010, 2011, 2012, 2015).
Pero ya no. Este ballon d´or lo ganó Luka Modric, un representante de la clase obrera del fútbol venida a más. El croata, líder indiscutible del mediocampo del Real Madrid, capitán y jefe de la Croacia subcampeona del mundo, es un tipo tan trabajador como talentoso. Al menos en apariencia, Luka es de esos que nunca alzan la voz y que siempre sobresalen por lo que hacen y por cómo lo hacen: con discreción y sentido de la responsabilidad. Que tenga ya más años que Jesucristo apenas se nota.
Modric no es mejor jugador que Messi (¿quién lo ha sido o es o será?) ni que Cristiano, pero sus cualidades, su carrera y sus éxitos justifican de sobra el reconocimiento. Si un premio individual quiere ser justo y estar competido, debe premiar a quien ha sido el mejor en sus circunstancias. Decía Juan Tallón en El País que no se puede tararear siempre la misma canción porque aburre. Y el soniquete de Messi y Cristiano nos estaba haciendo obviar a jugadores maravillosos.
En mis años adolescentes, esos en que seguía el fútbol de verdad, me dolió ver perder el balón de oro a Raúl (encima ante Michael Owen, manda narices, en 2001). Ya un poco más maduro, junto a toda España (país tan enfrentado hoy como unido en aquella euforia del Mundial de Fútbol) vi a Iniesta, un antecesor de Modric de otro apellido y el medio más talentoso que hubo y habrá en España, perderlo ante Messi. La victoria de Luka Modric es una pequeña recompensa a aquellos futbolistas, y a nosotros, aquellos fans.
Jaime Pérez-Seoane Z
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