Si los marcianos escuchan trap


A principios de semana, la NASA logró que su nuevo juguete teledirigido, la nave InSight, atravesara la atmósfera marciana y se posara triunfal sobre la superficie del planeta rojo. En el cronograma del sofisticado robot está penetrar con un topo robótico cinco metros bajo tierra para investigar en profundidad, literal y metafórica, la evolución del planeta en el plano sismológico.
Tengo un convencimiento infundado sobre la existencia de vida inteligente. Me resulta impensable que no haya muchas más especies por ahí. Es solo la respuesta más racional que a mi ignorancia se le ocurre dar, una alternativa tan simple para mi desconocimiento que no puede llamarse Fe.
Una vez en Londres escuché a un tipo de éxito decir que el hombre es mediocre. Dada la carrera triunfal de aquel hombre y su aparente mediocridad, tuve muy en cuenta el comentario. Todos hemos visto al ser humano hacer cosas increíblemente estúpidas o prodigiosas. No conformarse con la vida y sus peligros en nuestro planeta y buscar respuestas en otros mundos entra de pleno derecho en la segunda categoría.
Una amalgama esquizofrénica capaz de lo mejor y de lo peor es lo que somos. La misma raza que busca respuestas con meticuloso ahínco es capaz de convencerse de las ideas más absurdas, y de vender como arte algunas formas de expresión que no merecen ser pensadas. Auges y caídas de civilizaciones enteras, sensaciones íntimas hechas universales, milenios de alegrías, sufrimiento y evolución. Tanto ha conquistado el hombre con su arte, que ahora no podemos desmerecerlo y considerar el trap un género musical.
Cuando en algún sitio suena trap (lo habéis oído: una base sintética y monótona, la percusión de un hi-hat, una voz electrónica editada con auto-tune soltando frases sin hilo, casi siempre sobre el barrio, las drogas y las chicas) me veo transportado a los tiempos de los “politonos” que incluían los primeros teléfonos móviles. He leído/oído/visto hablar del trap como un género novedoso, de letras transgresoras y representante de una generación. Por el bien de cualquier generación, espero que no sea cierto.
Al trap (y a otros subgéneros idiotizantes) les podemos dar el crédito por mutilar un estilo de verdadera relevancia musical y social como el rap, y por estropearle las mañanas a cualquier vecino de un chaval que desde la ventana del segundo pone esa mierda a todo trapo. También se llevan el reconocimiento de incrementar la vergüenza social interplanetaria. El día que un marciano se cruce en nuestro camino, si lo primero que oye es trap, deberá defenderse y exterminarnos.
Jaime Pérez-Seoane Z
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