Ellos tienen el espacio y nosotros el tiempo.


La semana pasada salió a la venta el juego de RockStar Games, Red Dead Redemption 2, precuela de su antecesor del 2010 titulado con el mismo nombre. En ocho días ha vendido 17 millones de copias, más de lo que ha hecho la entrega original en 8 años a la venta. Eso implica una facturación para RockStar Games de unos 850 millones de euros en una semana y un día.

El juego se desarrolla a finales del S. XIX en los últimos años del lejano oeste americano. La gran diferencia entre la cultura americana y la europea es que ellos tienen el espacio y nosotros el tiempo. Ellos tienen Yosemite, el Gran Cañón y las cascadas del Niágara y nosotros tenemos a Julio César, La Batalla de las Navas de Tolosa y la Revolución  Francesa. Así en frío la comparación parece absurda (y probablemente lo sea) pero en el carácter, en la identidad, en la cultura y el arte, el tiempo y el espacio son dos factores determinantes.

Por eso los americanos, siempre competitivos y casi siempre competentes han proyectado en el salvaje oeste cientos de historias generando una Historia propia y diferenciada. Parecería imposible que la colonización de un desierto, prácticamente inhabitado, genere más contenido narrativo que todo la historia de Europa desde la civilización Griega hasta el Brexit. Pero es posible, ha ocurrido y ocurre porque el Wéstern es mucho más que un genero, es un mundo. Los popes del arte siempre han despreciado las historias de cowboys pero en esta conjunción latino-apache-anglosajona se han dado grandes obras de arte: en la literatura (Zane Grey, Dorothy Johnson, Elmore Leonard, Larry McMurtry,…); en la pintura (Charles Marion Russell, Frederic Remington, N.C. Wyeth, Jo Mora…); en la arquitectura (Georgia O´Keffe, Frank Lloyd Wirgt…); en la música (Gene Autry, Johnny Cash, Bob Dylan, The Doors…); en el cómic (James Swinnerton, Geroge Herriman, Frank King, Charlier y Giraud); y por su puesto en el cine (John Huston, John Ford, Sam Pekinpah).

Es curioso que siendo el oeste un concepto espacial se haya convertido en el mayor elemento temporal de EEUU. Cuando el ser humano empiece a colonizar planetas tendrá que volver a estudiar a John Ford, siempre se debería estudiar a John Ford pero en esa ocasión con más razón que nunca porque los futuros colonizadores se enfrentaran a los mismos problemas morales que sus personajes.

Rodrigo Ruiz-Gallardón

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