La dictadura de los escribas.


Cuando era pequeño descubrí el rock y el heavy metal, como otros tantos hermanos pequeños, a través de uno de mis hermanos mayores. Recuerdo perfectamente que fue gracias a la canción “Afraid to shoot strangers”de Iron Maiden como me metí en este inmenso mundo de música, lo cual siempre agradeceré a mi hermano. Eso sí, como yo era un moco de diez años y no tenía pasta para comprar discos, tenía que escuchar los de mi hermano y lo tenía que hacer a hurtadillas porque a él, como a muchos hermanos mayores, le molestaba una barbaridad que yo le copiara.

Como método para frenar lo inevitable mi hermano mayor me tenía bajo una ley férrea: sólo me dejaba escuchar los discos de aquellos grupos de los que, por lo menos, me supiera los nombres de sus componentes y algo de su historia. Así descubrí que Iron Maiden había tenido tres cantantes: Paul Di Anno, Bruce Dickinson y Blaze Bailey. Que el batería clásico de la mejor época de Slayer era Dave Lombardo y no Paul Bostaph; o que  Rosendo estuvo en Ñu antes de formar Leño y antes de empezar su carrera en solitario. La información era el precio del poder y, aunque en su momento era realmente un coñazo porque internet no era lo que es hoy, ahora se lo agradezco porque toda esa información se me quedó en la memoria.

Que la información es poder es algo sabido. Que la limitación del acceso a la información es una práctica ejercida por grupos de poder a lo largo de la Historia para perpetuarse y mantener bajo control a la masa es algo sabido y demostrado. Tanto que sigue ocurriendo a día de hoy. La sentencia del supremo lo ha dejado claro. Más allá de que la banca siempre gana, que lo hace, el problema real no es ese. El problema real es que en estos día todo el mundo se ha lanzado a emitir opiniones y defender una cosa o la otra y realmente, excepto unos pocos, prácticamente nadie tiene ni idea de la ley ni de las repercusiones de la sentencia ni de nada más. Vivimos en una época en la que los poderes económicos hace tiempo que han superado holgadamente a los políticos. Las grandes corporaciones y sus dueños o dirigentes toman más decisiones políticas que afectan a la sociedad de las que podemos imaginarnos. El poder político, que en este rincón del mundo tenemos la suerte de poder votar y quitar, manda pero manda lo justo llegados a ciertos temas.

Por ello ya es hora de que a los niños que van a vivir en ese mundo comencemos a enseñarles economía desde su más tierna infancia. Deberíamos empezar en preescolar con la asignatura “¿Qué son estas monedas y papeles? Y enseñarles qué es el dinero, cómo y quién lo crea y para qué sirve. Pasados unos cursos podrían comenzar a estudiar la asignatura “Todos pagamos” y enseñarles cuáles son los impuestos más importantes, a dónde van, qué significa la progresividad y para qué sirve, directos o indirectos, etc. Sobrepasado ese punto debería existir una asignatura que podría llamarse “El Poder” y que fuera toda la arquitectura y entramados bancarios desde lo más sencillo hasta lo más complejo, para saber, cuando vayan a pedir un crédito o una hipoteca qué son esos términos con los que los escribas tratan de confundir a los legos. Superado estos tres temas el cerebro estaría preparado para enfrentarse a una “Historia moderna de la economía” y enfrentar las diferentes ideologías que ahora o en tiempos pasados han intentado solucionar la vida de la gente a través de la economía y a sus figuras prominentes como Marx, Friedman, Klein o Stiglitz. Y por último, aunque si todo está bien hecho igual no hace falta, enseñar como culminación una asignatura que se llamase “La gran estafa” en donde enseñar, a unos ya inquietos jóvenes pre universitarios, cómo intentan vender que la Economía es una ciencia cuando no lo es y cómo los escribas –aquí pueden incluirse banqueros, economistas, políticos, empresarios, gerifaltes del mundillo en general-tratan de dar a su “ciencia” un aura de indescifrable complejidad y una importancia que llegados a un punto no tiene. No la tiene sin duda si uno ya conoce el juego.

Quizás así no tendríamos tanto listillo que se aprovecha de la gente más sencilla y, a lo mejor, no hubieran ocurrido ni la crisis de las hipotecas subprime ni la estafa de las preferentes de Bankia porque a ninguno de estos chavales, educados desde pequeños en economía, se la hubieran colado. O por lo menos alguno hubiera dado la voz de alarma.

En vez de eso vivimos en un mundo en el que poca gente entiende el poder y el peso de esa mal llamada ciencia y estamos sometidos a la dictadura de unos escribas que por otro lado, tampoco entienden bien lo que hacen la mayoría de las veces ya que sólo ven dinero. Y así, quizás, podríamos disfrutar todos de un capitalismo más humano y con más sentido como disfruté yo en su momento de Slayer, los Maiden, Rosendo y tantos otros.

 

Carral del Prado.

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