Yo te adulo, tú me votas.


 

Cuando se acercan las elecciones, como las próximas andaluzas del dos de diciembre, los políticos comienzan a desplegar todos sus encantos. Es su momento. Es la hora de rendir cuentas y comprobar si su trabajo ha valido la pena, si han hecho algo útil. Si resulta que sí, serán elegidos o reelegidos, si no, a dejar el despacho libre para el siguiente. O así debería ser pero cualquier sabe que no tiene por qué. Ejemplos de políticos ineptos que revalidan su puesto los hay a puñados. Y la culpa es del votante, de nosotros.

Por eso durante la campaña electoral se ven sublimadas las capacidades dorapíldoras de los políticos hacia el votante. Y en su voluntad de agradar y de identificarse con el ciudadano llegan a hacer verdaderos ridículos. Entre las representaciones habituales está dar una entrevista con los hijos en casa o en el parque para demostrar “lo normales” que son. Irse un día al campo o a la obra para acompañar a los currelas y hacer como si trabajasen y comprendieran al obrero o al agricultor, con foto que lo demuestre, por supuesto. También están las más emotivas visitas a residencias de ancianos, hospitales infantiles, etcétera. Por supuesto que es lícito que utilicen todas las artimañas que estén en su mano para convencernos, y habrá muchos que lo hagan sinceramente, pero se descalifican cuando llegan al absurdo. Una de esas situaciones tuvo lugar hace poco. Voy a ahorrarme el nombre de la política en cuestión, en este caso es mujer, para que no haya dudas de que el partido y la ideología dan igual.

Resulta que durante una entrevista de pronto dijo que el sentido común es muy importante en política y que los ciudadanos, aquí viene el bombazo, tienen todos mucho más sentido común que ella o que su gobierno. Y tan ancha. La persona que dirige los destinos de la población y que tiene la responsabilidad de tomar decisiones clave se auto descalifica y afirma sin rubor que no tiene ningún sentido común pero gobierna a los ciudadanos que tiene mucho más que ella. Tras una afirmación tan rotunda lo suyo sería que hiciera las maletas y dejara el cargo a alguien con más sentido común que ella ya que además, según ella misma, cualquiera excepto los de su gobierno lo tiene. O que se confunde por completo porque si realmente el resto tienen más sentido común que ella no deberían votarla. Es casi un dilema metafísico. El periodista que le hacía la entrevista no tiró por ahí, perro viejo acostumbrado a lidiar con estas declaraciones esperpénticas. Pero quizás debería haber parado ahí y haberle preguntado ¿y si no tiene sentido común cómo es que se presenta a las elecciones? ¿Cómo demonios gobierna sin sentido común?

Claro que la otra pregunta nos devuelve al dilema ¿realmente los votantes tenemos tanto sentido común que votamos para que nos gobierne a alguien que no lo tiene?

En fin, las generalizaciones son siempre injustas pero hacia los políticos se perdonan más y también se comprenden mejor. Precisamente es posible que sea cierto el que son como nosotros. Es probable que sean tan como nosotros que se hayan pasado, que sean personas en la media, ciudadanos de a pie. Y será por eso a lo mejor que tenemos la política que tenemos. Porque está en manos de las personas que llegan justitos a la media en vez de los que la sobrepasan con creces. Por eso, casi siempre, se cumple que nos adulan y luego les votamos.

 

Carral del Prado.

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