Océanos de gripe


Siete vuelos en siete días, un par de océanos (el Atlántico y el de tequila) y no puedo decir que despertar con gripe fuera una sorpresa. La de hoy es una gripe genérica: un malestar que se asemeja a ese virus mutante y otoñal. A fin de cuentas, no me dado tiempo a coger La Gripe, si llevaba solo horas en Madrid, ¿o sí?

Diremos que simplemente estaba débil, o cansado de estar sano, de decir que sí a todo y decidido a poco pensar. Enfermar levemente siempre tiene un lado bueno. Ayuda a parar. Stop that train, I’m leavin’ today!, empieza Bob Marley, “y déjate llevar por la neurona envenenada que te queda, ocúpala con minucias más allá de las grandes preocupaciones que ocupan la mente sana a diario,” añado yo.

La gripe me ha permitido pasar unas horas con mi perro en el sofá. Cómo le echo de menos al cabrón cuando me voy, y cuánto lo haré cuando él se vaya. Con el regustillo amargo de las flemas en mi garganta y el perro en mi regazo a media mañana, me he entretenido con asuntos menores de trabajo. Tenía el canal veinticuatro horas de fondo, y me he encontrado escuchando el debate en el congreso. Regalos que te dan los miércoles.

En octubre no hay Tour de Francia, y tradicionalmente escuchar a políticos mediocres ha sido buena medicina para conciliar el sueño. Después de diez o doce minutos de consciencia, me sorprende no haber tenido pesadillas. En televisión, una generación de políticos que nos ha tocado o nos hemos ganado, pero que en cuyo caso nos estamos comiendo sin sazonar, decía tontería tras tontería. Cada vez más populistas todos, más simples y radicales, más enrocados en sus mensajes, más preocupados por políticas de hashtag y menos cerca del mundo real. El gobierno me disturba, pero la oposición también. Tanto, que he optado porque me den igual.

Menos mal que tengo a mi perro, que duerme plácido con el coro de Iglesias, Sánchez, Casado y Rivera, los cuatro tenores desafinando en cada nota. Del resto de la pandilla no hablamos, o corremos el riesgo de sacar de su sueño a todos los canes de España. Me quedo con mi gripe, esa que esperan en sus casas en estos días todos los españoles, más común que las crisis del Real Madrid, las subidas de impuestos, las cañas de los jueves, y la retórica sobre el rey, y menos grave que los políticos de nuestro tiempo.

Jaime Pérez-Seoane Z

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