Premio Princesa de Asturias de las artes a Martin Scorsese


Han concedido el premio Princesa de Asturias y entre los galardonados se encuentran dos personas que despiertan en mi la mayor admiración y respeto. Fred Vargas, premio Princesa de Asturias de las letras, y Martin Scorsese, premio Princesa de Asturias de las artes.

El premio de las artes tiene para mi especial importancia ya que la persona responsable de que decidiera dedicar mi vida vida al cine es Martin Scorsese. Decir que esta frase es común sería minimizar su impacto, se proclama con tanta frecuencia, asiduidad y constancia que desde un punto de vista matemático podría decirse que tiende a infinito. Es una afirmación “fractal”, se repite una y otra vez en diferentes proporciones pero con una misma naturaleza. Muy pocos directores han tenido esa fuerza de atracción o de evangelización cinematográfica. Puede que Ford, Welles o Hitchcock… no digo que sean mejores o más importantes, juzgar y comparar constantemente es uno de nuestros cánceres sociales actuales, sólo hablo de su capacidad para despertar vocaciones. Soy consciente de que cada uno tendrá sus referentes pero en mi caso concreto, fue Martin Scorsese quien me tiró del caballo. 

Se ha escrito tanto sobre él por gente mucho más lúcida que yo que me centraré en el momento en el que crucé el Rubicón. Lo recuerdo con claridad, tenía 14 años, estaba sólo en casa, algo bastante extraño en esa época de mi vida ya que vivía con mis padres y mis tres hermanos. Cogí un dvd, objeto obsoleto y prácticamente inservible hoy en día, lo introduje en un lector de dvdes, aparato aún más anticuado e inútil. Es curioso pensar en que lo que tenía valor entonces hoy ya no lo tenga, si dentro de 30 o 40 años mis nietos se encuentran con ese dvd no sabrán qué hacer con él, probablemente ni siquiera sepan lo que es, pero esa es otra historia. Le di al play con la atención que un chaval de 14 años le pueda dedicar a cualquier actividad, es decir toda y ninguna al mismo tiempo.

La película en cuestión era Toro Salvaje, “Raging Bull”. Había visto más películas suyas y ya era un fan incondicional pero poco sabía de ésta antes de empezar a verla. Empieza la peli. Suena la Cavallería Rusticana, imagen en blanco y negro, plano fijo, tres cuerdas de un ring en primer término y un boxeador desenfocado lanzando puñetazos al aire, en ese momento pensé que estaba calentando, al terminar la película entendí que no calentaba, que la pelea ya había empezado porque peleaba contra sí mismo. Y en el momento en el que aparece el título escrito en rojo entre las dos cuerdas superiores del ring, RagingBull, sufrí un Stendalazo. Me quedé ciego y no recuperé la vista hasta llegar a Damasco. Sin ni siquiera ver la película, ¡sólo con los títulos de crédito! ya estaba rendido a sus pies. Desde entonces cada vez que veo el rojo sobre negro me estremezco. Muchos son o han sido conscientes de la fuerza de esta combinación, la CNT, Falange, DeadPool. Son colores que transmiten solemnidad y seriedad pero nunca han tenido tanta fuerza como en ese plano, por lo menos para mi.

Hace poco alguien escribió que la reivindicación de Scorsese como el mejor director de cine de nuestro tiempo no puede ser más oportuna. No puedo estar más de acuerdo ya que reivindicar a Scorsese es reivindicar la honestidad, el riesgo y la excelencia. Larga vida a Martín y enhorabuena a los responsables de otorgarle el premio. 

 

Rodrigo Ruiz-Gallardón

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