Un Doce para todos.


<<¡Tierra a la vista!>> a las dos de la mañana del 12 de octubre de 1492, con estas palabras del vigía Rodrigo de Triana desde la carabela Pinta, comenzaba una de las mayores epopeyas de la Historia de la Humanidad. Apenas un puñado de españoles, hambrientos y desesperados después de más de dos meses de travesía por el Atlántico, se convertían en los primeros europeos en descubrir el Nuevo Mundo. Después llegaron hazañas aún más increíbles como la conquista de México, la del Imperio Inca, el descubrimiento del Amazonas, del Pacífico, de Florida, la circunnavegación del globo terráqueo y nombres que perdurarán en la memoria hasta que el ser humano desaparezca de este planeta como Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Legazpi, Urdaneta, Cabeza de Vaca, Núñez de Balboa, Magallanes o Cristóbal Colón.

Es, probablemente, la mayor contribución que haya hecho España al mundo desde que el homo sapiens puso pie en esta piel de toro. Gracias a ese viaje patrocinado por los Reyes Católicos el mundo cambió por completo. La manera de pensar, de viajar, de comer, de vivir desde entonces ha sido diferente. Un hecho que debería hacernos sentir orgullosos y unidos no solo a los españoles, sino también a nuestros hermanos del otro lado del océano. Incluidos, y a pesar de las atrocidades cometidas en su momento, los indígenas pues su cultura ha permanecido mezclada con la hispana creando esa región tan rica y mestiza como es Iberoamérica y enriqueciendo a su vez, de manera material e inmaterial a España.

Pues bien, estas son algunas de las razones por las que celebro, orgullosamente el Día de la Hispanidad –hoy llamado Día de la Fiesta Nacional-. Porque siento que es parte de mi cultura, siento que la sangre de aquellos aguerridos hombres y mujeres que dejaron todo para embarcarse hacia lo desconocido corre por mis venas y también la de los aztecas, incas, mapuches, taínos y tantas tribus nativas y recias que les hicieron frente y defendieron su tierra hasta la muerte porque nuestros antepasados se mezclaron y enriquecieron sus propios linajes. Siento que esa bravura y arrojo que nos caracterizó durante muchos siglos sigue latente entre nosotros y que seguimos siendo capaces de mucho más. Siento también que este día me acerca a ese inmenso Nuevo Mundo, desde el archipiélago de las islas San Juan casi en Canadá hasta el cabo de Hornos, donde viven tantos hermanos con los que comparto sangre, espíritu y cultura.

Siento que de norte a sur y de este a oeste, los hispanos (qué maravilla que a todos nos defina el nombre que nos puso Roma) de uno y otro hemisferio hemos sido capaces de crear una de las mayores culturas que han poblado la Tierra y que somos una fuerza imparable desde nuestra hermosa lengua a nuestro ingenio creador.

Por eso nunca entenderé semejante ignorancia en la que está atrapada la izquierda, de aquí y de allí. Señores sacúdanse ese complejo de ser españoles de una vez. Celebren sin prejuicios el haber nacido en este país, que sí que está lleno de hijos de puta y provoca muchas veces una irritante desesperanza, pero a la vez ha dado a luz auténticas proezas y personajes inmortales. Salgan de sus armarios que huelen a rancio y vayan a la plaza del Pilar aunque sean ateos, acudan al desfile aunque sean pacifistas, ondeen la bandera con orgullo aunque sean antifranquistas o no lo hagan pero dejen que los demás puedan hacerlo, no sean tan casposos de clasificar a alguien en un lado porque le gusta una cosa. Porque de eso se trata, de ser españoles no porque lo diga un pasaporte sino porque te gusta donde vives y la gente que conoces y los libros que lees y la comida que comes y la lengua que hablas y sientes todo eso y lo sientes como te da la gana. Se puede ir a los toros y luego a un concierto de Reincidentes. Puede uno vestir con camisa y zapatos, votar al PP y fumar porros y ser homosexual. ¿Acaso hay algún código de conducta que marque la pauta de cómo ser o no ser español? ¿Si me gustan los pasodobles tengo luego que ir a misa y ver Intereconomía?

La derecha y la izquierda pretenden siempre acaparar aspectos que no son suyos, que son nuestros, de los ciudadanos  Vamos a dejarnos de pamplinas y a sacudirnos de una vez el peso de estos políticos irresponsables que deciden que sólo representan a los que les gusta una cosa.

Pensemos por nosotros y celebremos, por un día, un doce de octubre para todos.

 

Carral del Prado.

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