Literadismos: HECATOMBE (II de III)


Rápido Breogán, más rápido. La urgencia que imprimía a su caballo tenía una causa. Su compañero de los Jinetes Enmascarados, Apalpador era su nombre en clave, le había llamado aterrorizado. Tienes que ver esta granja, es un genocidio. Hay que actuar inmediatamente. No le quedaba lejos de su casa de Mezonzo así que, sin dudarlo y a pesar de la bruma de la mañana, montó sobre su córcel, se calzó su máscara y salió disparado. Por el camino se encontró con otra de sus compañeras, Moura, que venía con la misma prisa. Hola Nubeiro, he venido lo más rápido que he podido. Creo que ya no queda lejos, está ahí mismo, detrás de la colina. Cuando llegaron la néboa ya despejaba y lo que dejaba entrever era una escena dantesca. Incontables vacas moribundas amontonadas en un cercado diminuto completamente lleno de estiércol. El hedor de las heces se mezclaba con el de la carne en putrefacción de las que ya habían muerto y con los efluvios de las heridas y pústulas de las que se mantenían vivas a duras penas. Estas últimas estaban tiradas entre la porquería, famélicas, rodeadas de insectos y con llagas por todo el cuerpo. Las ubres rosadas eran como bolsas de cuero viejo, arrugadas y desgastadas, con grandes manchas supurantes de un hongo que contribuía a la pestilencia del ambiente. Apalpador ya estaba allí y a Nubeiro por poco no le salían las palabras. Dios mío, esto es una locura. Te lo he dicho, me lo advirtió un vecino de la zona. Hay que llamar a la Guardia Civil inmediatamente. ¿De quién es esta granja? El tipo se llama Manuel Loureiro. He intentado hablar con él pero me ha amenazado con un garrote. La granja no tiene agua ni luz y tampoco ningún sistema de ordeñado. Nubeiro continuó su paseo alrededor del cercado. Las crías apenas podían moverse entre los cuerpos demacrados y algunas mamaban todavía de las ubres podridas de sus madres, algunas ya muertas días atrás. Incluso había varias medio devoradas por los lobos y las alimañas dentro del cercado. Con el corazón encogido y el estómago revuelto subió a la grupa de Breogán y salió como un rayo hacia el cuartel más cercano. No dejéis que ese malnacido se marche, les dijo a Apalpador y Moura antes de irse.

Carral del Prado.

 

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