Una pecera con alas


De nuevo en un avión cruzando el océano y de nuevo enfrascado en una pecera de cavilaciones existenciales. De nuevo volando por estar contigo y otra vez el tiempo en lugar de volar se duerme para hacerse pesado y convertir el viaje en interminable. Otra vez dejando mi casa para volver a mi casa. Otra vez encerrado en una paradoja, recorriendo un puente de abundantes extremos. Otra vez escribiendo de corrido y sin dudar, como decidido voy a tus brazos, otra sentencia corta y contundente, otra imaginaria muestra de seguridad. Otra vez muy cerca. Otra vez nervioso como todas las veces, otra vez queriendo decírtelo todo y hacértelo todo, otra vez queriendo robarte del mundo y ahorrarme el cordial gesto de compartirte con el. De nuevo eligiendo mi casa por dónde aparcas, por dónde te duchas y dónde te pones (y te quitas) el pijama. De nuevo obviando códigos postales, vecinos y techos. De nuevo cruzando el océano en busca de la felicidad.
De nuevo aprovechando el paso por el cielo para saludar a quienes debo algunos buenos consejos.
De nuevo soñando despierto con las plantas de tus pies y tu olor por la mañana.

Jaime Pérez-Seoane de Zunzunegui

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