Seguridades vs Certezas: Saliendo de la zona de confort.


Recientemente he estado leyendo las peripecias de Hunter S. Thompson, controvertido autor entre otros de Fear and Loathing in Las Vegas y The Rum Diary – ambos seguramente más conocidos por sus adaptaciones al cine que por las obras originales -. Aprovecho para agradecer enormemente a quienes me regalaron su colección de cartas*: Una especie de biblia del periodismo gonzo, una derivación del reportaje subjetiva y literaria que este tipo inventó por pura casualidad vital.

En sus primeros años como periodista (primero como redactor de deportes del periódico de la armada estadounidense y después de otros medios de los que era despedido metódicamente por sociópata) Thompson incluía incesantemente entre sus preocupaciones el proceso de estandarización de la sociedad y el acomodamiento de esta bajo ciertos parámetros que el engloba bajo el término “seguridad”. A la edad de diecisiete, Hunter escribió un texto que después sería publicado en The Spectator. En ella definía al “hombre seguro” en los siguientes términos: “En general es un hombre que ha arrinconado las ambiciones y las iniciativas para instalarse en una rutina aburrida pero segura y cómoda.” Prosigue, “su futuro no es más que una prolongación de su presente y lo acepta como tal como un complacido encogimiento de hombros (…)”. Thompson se pregunta si este tipo de hombre se siente orgulloso de lo que es. “¿Qué piensa cuándo ve sus sueños juveniles de aventuras, conquistas, viajes y heroísmos sepultados bajo el manto del conformismo? (…) ¿Qué ha hecho, aparte de sentarse a esperar un porvenir que nunca llega?”. El joven rebelde termina lanzando un dilema al aire. “¿Quién es más feliz , el que se ha enfrentado a la tormenta de la vida y ha vivido o el que se ha quedado en la seguridad de la orilla y se ha limitado a existir?”

Thompson desenterraba esta cuestión vital de donde fuera que estaba escondida en un tiempo y lugar en que la estandarización cobraba enorme fuerza (USA, 1955). Su descripción del “hombre seguro”, bastante acertada aunque un tanto radical, invitaba en ese tiempo y aún invita a que nos preguntemos, ¿Estaré navegando la tormenta de la vida o me he estancado en alguna orilla?

Para empezar, no me pareció en absoluto fácil aceptar la definición de “hombre seguro” de Thompson. Ni siquiera alguien que esquivara por costumbre los estándares sociales se libra tan fácilmente de verse incluido en ella (y pienso en mi el primero cuando digo esto). Comprar una casa, tener un trabajo estable y un historial crediticio, casarse, pagar un coche a cuotas… Son asuntos que Thompson seguramente consideraba de “hombre seguro”. Pero, ¿Son sólo asuntos de un hombre seguro? Me parecía demasiado arriesgado responder invariablemente si. ¿No puedo querer comprar un apartamento sin estancarme en mi zona de confort? ¿Existe alguna relación entre estar de acuerdo con el sistema que gobierna el mundo y… casarse? ¿La idea de ganar dinero está necesariamente confrontada al objetivo de trascender? Resolví que no, al menos no siempre.

En paralelo al concepto de seguridad transita el de certeza. Las certezas son conocimientos de cosas verdaderas, y por definición son escasas.
En mi opinión, las certezas más difíciles de obtener son las que responden a la pregunta ¿Qué quiero de la vida? La respuesta cómoda puede encontrarse en las seguridades que desprecia Thompson. Por definición, la respuesta difícil es la que camina por fuera de esas fronteras, por fuera de la zona de confort. El propio escritor, en una carta que le escribe a una vieja amiga (1959), enuncia lo que quiere de la vida.

“Quiero ser capaz de valerme por mi mismo (y, a menos que se produzca una catástrofe, de mantener a mi familia) como escritor. Quiero una casa en cualquier lugar de las Antillas, en lo alto de un acantilado que dé al mar Caribe. Quiero dinero suficiente para tener buen whisky y buena comida. Quiero estar enamorado de mi mujer y quiero que ella lo esté de mi. Eso es todo; no es mucho, pero creo que las cosas que quiero son importantes.”

Después de leer esta carta entendí mejor a Thompson. Sólo quería dibujarse fuera del mapa de lo estandarizado. Buscaba lo mismo que los demás, pero no pretendía hacer concesiones. Quería triunfar practicando su vocación, quería amar y ser amado y quería vivir en paz. Y estaba dispuesto a emigrar de su zona de confort para lograrlo.

*El escritor Gonzo: Cartas de aprendizaje y madurez.

Jaime Pérez-Seoane de Zunzunegui

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