Tenerlo todo


 Tengo un angelito anfibio que humedece mi boca.

Cuando mis ojos están húmedos,
mis ojos seca.
Cuando mis manos están frías
y mis dedos tiesos,
mi cuerpo afloja.
Cuando mis labios están secos
su carne moja
Y con esponjosos besos repara mi alma rota.

Tengo lo que no tiene nadie, un ejército de ángeles de la guarda.

¡Tengo millones sin necesitar un duro!

Tengo lo que pocos tienen, tengo lo que quiero de este mundo.

¡Tengo una flor en el culo!

Tengo tanta, tanta suerte, que en mis ojos no se borra tu imagen, mi flor morena.

Tengo tanta, tanta alegría, que me olvidé de pronunciar tristeza, lamento y pena.

Y por eso las escribo.

Y por eso (pido disculpas si me confundo y reconozco que de eso peco un mundo), por eso me pierdo en tonterías.

Pero, ¿qué puedo decirte, primavera mía? Si para mi estas pequeñeces son la vida. Dime, ¿Cuál es la culpa para tanta alegría? ¿Que puedo decirte, si para mi tu lo eres todo y para mi todo es poesía?

Jaime Pérez-Seoane de Z.

 

 

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