Un paseo cualquiera por Bogotá


Propongo que viajemos a un día cualquiera en una semana cualquiera y una época cualquiera, en el que yo – no un yo cualquiera – estoy dando un paseo (este si, un paseo cualquiera) bajo el indeterminado cielo de Bogotá. Con los pies en el suelo – técnicamente sobre tres o cuatro centímetros de zapato inglés que comienza a desgastarse -, la cabeza ataviada con sueños perpetuos y las manos desocupadas, tengo fija la mirada en un asfalto acribillado por la endémica corrupción que mantiene a esta ciudad entre hoyos y en el hoyo – esta es la única capital del mundo con más de cinco millones de habitantes y sin un mísero transporte público subterráneo, a estas alturas del dos mil y tantos -.

Salvando los peligros que el gruyere asfáltico de Bogotá ofrece a los caminantes, la ciudad se muestra en mi paseo cualquiera como un revoltijo de realidades mezcladas con crueldad. En mi camino (tomado a la cualquiera, sin conciencia, sin destino y sin presteza) aparecen mendigos de toda edad, con y sin chiquillo a cuestas, con y sin dentadura, con y sin aliento. Se cruzan conmigo jovencitas cualquiera y viejitas cualquiera y hacen comentarios mudos sobre mi aspecto de forastero. Siento ganas de detener su viaje por un instante y confirmar que no es mi aspecto lo único extraño. Que pienso en forastero, hablo en forastero y vivo en espacial. El cómo escribo, ni borracho lo preciso. Lo que si identifico en mi excursión es como Jaime, el muchacho que se gana cuatro perras como lustrabotas en una esquina cualquiera del norte de la ciudad – para algún día financiarse la quimera de montar un restaurante – limpia unos zapatos cualquiera de un sujeto con incuestionable peor suerte que yo (no porque sus zapatos sean menos ingleses o estén más gastados, sino porque pasea un aspecto cadavérico y desconsolado que sólo creía existir en la literatura de guerra). Doblo la esquina (no cualquiera, o si, pero la esquina cualquiera de Jaime el lustrabotas) y entro en un edificio cualquiera donde una recepcionista cualquiera me mira con caprichosa ternura antes de darme una sonrisa y su venia (sin registro, sin curioseos) porque en mi credencial, que es mi aspecto, dice que soy de otro planeta y que en consecuencia puedo hacer lo que me salga de las napias.

En ese instante cualquiera decido darme la vuelta y salir de ese edificio y desdoblar la esquina. Me devuelvo antes de cualquier agujero en el suelo y cualquier miserable vida para retornar al comienzo de mi historia, el de un minuto cualquiera en un lugar cualquiera donde lo único que no es azaroso soy yo. Ni en la dicha o la desdicha del lustrador o del lustrado, de los políticos corruptos o de la recepcionista hay azar, ni escenario, ni momento, ni realidad, ni disparate que me impidan regresar a ese día, esa semana y esa época que no son cualquiera. Son los días, semanas y épocas para un paseo ilustre junto a esos cabellos oscuros, esos ojos hondos, a las gansadas baldías, a dos piernas eternales y dos pies de escarcha, a dos pechos níveos, y a esa musa, que es la mía, y que es poesía, y que cualquierea el mundo, volviéndolo una enorme y redonda tontería.

 

Jaime Pérez-Seoane de Z

@jaimeperseo

Anuncios

Un pensamiento en “Un paseo cualquiera por Bogotá

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s