Pintura


La joven Margarita pasaba mucho tiempo sola durante su embarazo. Un padre político, comprometido con el común, viajando gran parte de su tiempo en cuerpo y en mente adormecido por la crítica y la voz del vecindario. Su madre, una lechuguina que jamás había demostrado un ápice de amor por su niña – menos se había esforzado en disimularlo -, se pasaba las tardes entre caprichosas compras, juegos de golf con pretendientes babosos y agraviados llantos en las escasas jornadas de vida familiar. “Nadie se preocupa por mi en esta familia” y “la única que se desvive por mantenernos unidos soy yo” eran dos de sus mentiras favoritas, y de las más repetidas. Miserable su marido, la muy lo tenía chalado. Su mayor pasatiempo era minarlo a base de extraer – la mayoría inventados – defectos, algunos la mar de mezquinos – que aumentaban sus ya insufribles (por bien que alguien mantenga la sonrisa en las peores circunstancias, la inseguridad es como una explosión eterna de metralla, dolorosa, sufrida, que erosiona pero no mata) problemas de autoestima. Sin embargo, este reputado señor, el hombre público, no fue capaz en casi cincuenta y cinco años de matrimonio de plantarle cara a la boba de su señora. Era como si la energía que desprendían sus discursos sobre reformas de todo tipo, su valentía en el emprendimiento de acciones en el aquí y el allá, se diluyeran por las alcantarillas que él mismo había luchado por reformar, ganándose el respeto de todos menos el de su astuta (y lo que rima con astuta) señora. Ahí estaba él, el gran político, en la entrada de su casa con jardín y huerta de cien colores, sujeta con piel tensa una sonrisa elegante y perenne, luciendo una juventud que irritaba al maldito tiempo y observando con impotencia de tullido como su mujer de plastiquete se las pasaba cochineando con un cualquiera en las tardes de domingo. Su consuelo, la niña de rizos dorados y mejillas dulces, el alma de granito y la cabeza de filósofo griego. Su flor. Su Margarita. Y su exitosa vida de hombre público.

Jaime Pérez-Seoane de Zunzunegui

Pedacitos de Novela

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