Poemenos prohibidos: El Arroyo.


Llora el arroyo hilos de cristal porque la corriente se te ha llevado a otras aguas.

En el parque, la farola alumbra su desierto rincón de gélida luz y busca, a ciegas, la silueta de tu sombra infantil.

La almohada acaricia el vacío donde antes reposaba alborotada tu profunda melena y compadece a la cama solitaria que ya no huele a nadie.

Al alba y en el crepúsculo la Luna consuela al Sol en los breves momentos en que se cruzan porque ya no brilla tan radiante y la tristeza enfría sus poderosos rayos. Y cuando se encarama a su atalaya, en su reino de misteriosa calma, rumia sola su pena y suspira entre luces de plata. Ya no tan brillante, ya no tan llena.

Junto con las hijas perdidas del arroyo, mi alma se despeña entre los riscos y rebota sin sentido contra los salientes afilados sin hacer caso al dolor, sin preocuparme el destino.

Baja las aguas de otro río la que en otro tiempo fue mi océano mientras yo no consigo salir del diminuto arroyo perdido entre caminos, a la vera de los sauces, que lloran conmigo.

Carral del Prado.

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