Mercadería divina (pedacitos de novela)


Veintimuchos años después de que Los Científicos hubieran ascendido al poder, el mercado del centro de la ciudad seguía atestado de tenderetes de venta de objetos religiosos a lo largo de las decenas de minúsculos corredores, que eran transitados mañana y tarde por tropas enteras de gitanos que prometían la entrada al cielo a cambio de un puñado de monedas. Aquella tarde en cuestión, una tarde de sol y viento (caliente para ser diciembre), el barrio estaba repleto de señoras que lucían gorros y guantes de piel, sus mentes ensimismadas por breves momentos que impedían se preocuparan por la fugacidad de otro año que terminaba y el terror de la vejez como antesala de la muerte, con un horizonte más inmediato para algunas que lo que dictaba su compulsivo consumo de moda creada para veinteañeras. Prohibitivo alcohol de reserva y perfumes franceses, a crédito, incluidos.

Santiago cruzaba el río por el puente nuevo, su mente empantanada en primavera y flores y mujeres sin nombre y de ojos perversos, mientras el ruido de las motocicletas se revolvía con el griterío de los gitanos y mercaderes que peleaban cada cliente como si sobre él tuvieran un derecho natural(…)

Jaime Pérez-Seoane

Anuncios

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s