Fragmento


– No te haces una idea del número de veces que he intentado llorar. No derramé una sola lágrima con la muerte de mi abuelo, a pesar de cuanto admiraba a ese hombre. Intenté llorar y no pude. Lo echaba de menos en muchas ocasiones. Echaba de menos sus historias sobre el mundo de antes. Me culpaba por justificar que su tiempo había llegado y lo culpaba por llevarse mi única conexión con la fantasía. –

Suspiró y tomó un trago.

– Cuando estábamos en el colegio, cada vez que me sentía despechado por alguna niña, contraía los músculos de la cara. Confiaba en exprimirme el jugo como si fuera una naranja. Todos los días, cuando mi condición me frustraba, me batía a puñetazos contra la pared y trataba de romperme los huesos con la esperanza de romper a llorar por causa del dolor.

-Mira por la ventana. – La voz profunda de su amigo lo interrumpió.

La avioneta sobrevolaba ya la selva. Los dos amigos olvidarían por un buen rato el daño que la ciencia había causado al mundo y quedaron asombrados ante un manto verde que parecía infinito y cuya majestuosidad quedaba ensalzada por un río rosado que lo partía por la mitad y se perdía en el infinito.

Santiago lloraría por primera vez en el lecho de esa selva años después.

Jaime Pérez-Seoane

Anuncios

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s