Los diarios del ron: Una cura para la sed de buen cine.


El relajante inicio de la cinta nos adentra, mediante un magnífico travelling aéreo que sigue a una avioneta al ritmo de una versión de ‘Volare’ de Dean Martin, en el universo de un periodista recién llegado a Puerto Rico que, dispuesto a trabajar en cualquier lugar con tal de ganar lo suficiente para poder sufragarse sus vicios, da con sus huesos en el San Juan Daily News. Un nido de alcohólicos amamantados por un despreciable jefe poco riguroso en los pagos y sin ambición alguna por hacer del diario algo lo suficientemente digno como para no sólo envolver pescado.

Paul Kemp es un joven afilado y pulcro con grandes ideas, tal vez demasiadas para su fuerza de voluntad. Al mismo tiempo que es un alcohólico en fase temprana  cuyo cuerpo y mente son todavía parcialmente ajenos al deterioro físico y psicológico que el consumo pesado y prolongado de etanol conlleva, y que se enrolla fácilmente con cualquiera que le invite a un cigarrillo y una copa. Esto le lleva a emprender todo tipo de aventuras etílicas, siendo la mayor de ellas la que se inicia cuando nuestro amigo toma tranquilamente un trago mientras se da un paseo nocturno en pedaló. De la mar, como si nada, surge una sirena llamada Chenault, una ninfa dorada que con una leve sonrisa, hace saltar por los aires la estabilidad sentimental de nuestro héroe.


La película, al igual que la homónima novela de Hunter S. Thompson que adapta, cuenta “una historia de amor de envidia, traición, y violento y alcóholico vicio en la caribeña y burbujeante ciudad que era San Juan de Puerto Rico a finales de los 50.” Pero también descubre interesantes pensamientos, y describe con maestría conceptos como el hedonismo y la corrupción.
Y lo hace de una manera llana y sin pretensiones pero finamente elaborada. Reconozco, no obstante, que quizás cae en un exceso de autocomplacencia que la hace leve, pero inevitablemente, larga ya cerca de su final. Por eso, recomiendo al espectador que durante el visionado de la película empiece a sentirse incómodo en la butaca, e incluso a desear que ésta llegue a su conclusión, que trate de mantener la serenidad y siga disfrutándola, pues cuando la cinta termine, se verá transportado, como por un velero que surca el mar, hacia un lugar mucho menos placentero, la cruda realidad.

¡Aquí esta Paul!

Anuncios

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s