Las palabras se las lleva el viento.


Las palabras se las lleva el viento. Ojalá fuera verdad y pudiera encontrar la corriente que se llevó las tuyas. Si pudiera meterme en medio de ella y dejar que el remolino de aire volviera a susurrarme al oído tu voz, volver a oír aquello que me dijiste y que ya, probablemente, has olvidado.

Si las palabras se las llevara el viento nadie estaría solo. Sería tan fácil como encaramarse a un risco o bajar hasta la playa para escuchar. La sabiduría de siglos estaría al alcance de cualquiera, amor, ira, filosofía, ciencia, banalidades… Escuchar el cariño de un abuelo nunca conocido o los consejos de una madre que tuvo que marcharse antes de tiempo.

No, las palabras no se las lleva el viento. Hay palabras que ni un huracán sería capaz de levantar, tan pesadas por estar llenas de significado. Hay otras que con un suspiro se deshacen. No se las lleva el viento, no. Se las lleva el que las escucha y se las queda para siempre incluso aunque se olvide de ellas.

 

Carral del Prado.

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