Arena y piedras


Bajo un manto espeso, que recalienta este rincón de oriente y esconde las estrellas en demasiadas ocasiones, se extiende un parque temático de monstruosas atracciones verticales donde lo que otros dirían lujos son tratados como baratijas. El sitio tiene truco, hipnotizando a quienes lo habitan y debilitando las convicciones de los tantos ingenuos atraidos por su magnetismo postizo. Tierra de mercenarios, de propiedad islamita y pretensiones confusas, construida sobre arena del desierto, que se va con el viento y donde las huellas desaparecen al instante. Un proyecto inacabado, inacabable y turbio donde nada es absoluto. Un tribunal manso que trata el éxito y el fracaso como estados de ánimo pasajeros y que a pocos más que nadie importan, como los propios habitantes que no dejan de ser transeúntes en si mismos y ensimismados, o también artificiales, o simplemente rendidos a la necesidad de trabajar para vivir.

Entre tanta arena se encuentran algunas pocas flores. Y muchas piedras.

Jaime Pérez-Seoane

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