Dcode, el día en que Madrid se reconcilió con la música


Este finde se ha celebrado en Madrid el Dcode, un festival con los medios de un principiante y la ambición de un grande. En el parque de cantarranas, en cuyos campos de Rugby tantos hemos visto abrasadas nuestras pieles años ha, y con dos escenarios que reunieron a, por la cuenta de la vieja, unos 10.000 musicadictos entre viernes y sábado.

El festival tenía un doble atractivo, obviando la comodidad de poder disfrutar de buena música cerca de casa para los que somos de aquí, lo cual no es tan habitual como debiera en una capital con tanta afición musical. En primer lugar, se iban a presentar a escena grupos que de lejos sonaban pero mayormente desconocidos para las masas (Eeels, Vaccines, Band of Horses, Tiny Tings, Jamaica). Además, para otros grupos experimentados (o casi caducados – Sum41-) era un momento de darse un baño de gloria entre familia, entre una familia muy grande.

Lo mejor:

EELS, o descubrir que todavía hay músicos originales. La banda freak de Mark Everett, más conocido como E, dio el punto de color a unas jornadas donde abundaron los grupos de música lineal y demasiado parecida. El grupo de músicos barbudos fue para mi lo mejor del fin de semana.

The HIVES, o todo rockero sueco tiene derecho a una segunda juventud. Unos Hives ya creciditos, cuyas últimas composiciones se acercan más al punk-rock de los inicios, fueron el plato más pìcante del sábado. El mérito se lo llevan sus pegadizos y ultra conocidos himnos para saltar como descosidos (Walk idiot walk, Abracadaver, Hate to say I told you so, o Die All right!) y la fuerza que irradia su frontman y líder indiscuido, Pelle Almqvist, que hablando un decente español se metió al público en el bolsillo, obligando sin obtener resistencia a que las miles de almas que seguíamos su show, nos sentáramos como borregos obedientes. El cantante sueco se acercó al escenario contiguo donde algunos cientos escuchaban su concierto de fondo mientras guardaban un sitio privilegiado para Tiny Tings, y les dijo, “¿Estáis ciegos? Seguir mi voz, que estamos aquí”, para terminar sacándoles el dedo. Unos rockeros de vieja escuela que nos hicieron mover el esqueleto muy a gusto.

THE VACCINES, los niños listos de la clase. Con una música muy sencilla dominada por unas potentes y básicas líneas de bajo y una voz de futuro ídolo, The Vaccines se comieron el escenario demostrando que lo simple puede ser muy bello. Desde su entrada con All in White, ofrecieron una imagen de grupo cuyo éxito es una realidad que se va a confirmar este verano.

LA ELECTRÓNICA, de postre. Viernes y sábado cerraron el festival grupos de Djs, en concreto Zombie Kids y Crystal Castles. Los dos pusieron al personal a mil por hora y dejaron un sabor de boca dulce, como el Jaggermaister que se bebía en todas las esquinas.

Lo peor:

LORI MEYERS, una música insípida. Los granadinos hacen un producto ya muy trillado por otros -empezando por Planetas- que no transmite demasiado. Su actuación estuvo dentro de lo previsible, lleno absoluto y mucho aplauso para una banda sobrevalorada por ser de casa.

KASABIAN, o el hermano pequeño de Oasis. Ser la cabeza de cartel del día “grande”, y salir a escena tras los Hives, tiene un riesgo. El listón estaba muy alto para un grupo que abarrotó como ningún otro el recinto, pero donde la gente estaba a medias con la música y la cerveza. Sólo su “fire” levantó al personal por los aires.

J S

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