Costa de Marfil: De oasis a infierno


“Pese a que EE UU, Francia, la ONU y la UE han reconocido la victoria del candidato opositor Alassane Ouattara, el actual presidente de Costa de Marfil, Laurent Gbagbo, se ha proclamado ganador de la segunda vuelta de las presidenciales del pasado 28 de noviembre con el apoyo del Consejo Constitucional del país”. Este fragmento de una noticia de primeros de diciembre del año pasado en El País refleja el gravísimo hecho del que toda la prensa española se hizo eco: La Comunidad Internacional aceptaba un resultado electoral que el propio Consejo Constitucional Marfileño invalidaría. Se hacía mención, asímismo, a la disidencia de Guillaume Soro, primer ministro que se posicionaba públicamente del lado del legítimo vencedor de las elecciones (presumiendo que los resultados públicos son los correctos, lo cual visto lo visto, es mucho presumir), Alassane Ouatarra. La “guasa” de las elecciones mostraba una Costa de Marfil corrupta y dividida. Y de esto no podía salir nada bueno; Nada más lejos, iría a peor.  

Alassane Ouatarra hizo valer el apoyo que la Comunidad Internacional le mostró para preparar una ofensiva que apartase a Laurent Gbagbo del poder. Gbabo se encerró a finales de marzo en un búnker junto a familiares e inseparables fieles, mientras sus leales matones continuaban con su particular carnicería de civiles, según informaban esencialmente medios franceses. Mientras el bloque formado por la ONU, Francia y Outaarra vivía su lucha particular con Gbagbo, la situación en las calles era desastrosa.

Detenciones arbitrarias y caos en Abiyán

Así lo narraba El País el ocho de abril: “Mientras, la ciudad, de cuatro millones de habitantes, se desliza hacia la catástrofe. Los cadáveres se pudren en la calle. Bandas de saqueadores deambulan por ciertos barrios. Los cortes de luz y agua son frecuentes. La ONG Médicos sin Fronteras denuncia que uno de sus equipos está bloqueado en un hospital en el barrio de Abobo sur. Ni las ambulancias ni los médicos pueden asegurar el traslado de los heridos. Unos dos mil extranjeros están refugiados en la base francesa de Port-Bouët”.

La residencia del presidente saliente fue bombardeada por fuerzas francesas y cascos azules, en los días siguientes, como respuesta a un ataque previo de las tropas de este al Hotel Golf, donde se hospedaba la corte de Ouatarra. La ONU autorizó el ataque, como declarase el Secretario General, Ban Ki-Moon. “El uso de armamento pesado contra la población civil y las fuerzas internacionales “es inaceptable y no puede continuar”, declaró en un comunicado oficial.

Los medios de comunicación franceses, volcados con la cobertura informativa de todo el conflicto a través de AFP, junto con los portavoces de la misión de la ONU en Costa de Marfil (ONUCI), han servido de fuentes fundamentales para el “mundo occidental” en su labor de legitimación de la operación “Licorne” que lleva a cabo el ejército francés junto a los cascos azules de Naciones Unidas, y en definitiva para legitimar a Ouatarra como nueva cabeza visible de Costa de Marfil. Si bien (por fortuna), la prensa gala se caracteriza por mantener una actitud crítica incluso cuando les afectan los asuntos más truculentos, lo normal es que pensemos que, en caso de manejar informaciones negativas para su bando, puedan abstenerse de publicarlas. Las pocas fuentes dispares (y cercanas a Gbagbo) trataban una información bien diferente: “Poco después, el Gobierno del presidente saliente desmintió estar tras el ataque, que calificó de “golpe inventado” por la ONU y el Ejército francés para atacarles de nuevo”, informaba El País.

Un día después, Gbagbo era apresado por el bando de su rival político. Aunque los medios franceses, como Liberation, defendieron que la detención se produjo por marfileños (en caso contrario nos encontraríamos ante un caso de escandaolsa injerencia), de nuevo sonaron voces dispares, como no, originadas en el bando de Gbagbo: “Algunos de sus consejeros establecidos en Francia denunciaron en medios parisienses que el papel francés fue mayor: “Las fuerzas especiales francesas han sido las que han entrado, han apresado a Gbagbo y se lo han entregado a Ouattara. Ahora, a ver con qué legitimidad gobierna”, dijo Bernard Oudin, consejero de Gbagbo en París”. La polémica sobre la legitimidad de la intervención francesa en la operación estaba servida, mientras la ciudad de Abiyan era un absoluto caos.

Laurent Gagbo

El País demostró volcarse informativamente hablando con este tipo de situaciones, con una Editorial dedicada a este asunto el 13 de abril. En ella, titulada “un país partido”, hacía una reflexión que merece ser transcrita:

Transcribo literalmente las últimas líneas de la reflexión hecha por los editores de El País, por lo acertado que considero su análisis:

Sería gravemente reduccionista considerar lo sucedido en Costa de Marfil como una historia de buenos y malos. El país sale de lo peor de la pesadilla, pero permanecen intactos los factores que llevaron a la guerra civil de 2002-2003 y la han reeditado ahora en el principal productor mundial de cacao. Ouattara, que promete ser un líder reconciliador, tendrá que probar con los hechos que no se trata de mera palabrería, si quiere cobrar alguna credibilidad. A la postre, eso mismo anunció Gbagbo cuando asumió el Gobierno en 2000, para desmentirlo inmediatamente y dar lugar a la rebelión y la guerra que rompió en dos a la nación. Solo una suprema magnanimidad por parte de sus nuevos dirigentes puede restañar las profundísimas heridas dejadas por estos meses de sangre”.

El propio diario francés Liberation reconoce que, si bien no se puede demostrar que Gbagbo fuese detenido por franceses (lo cual parece no fue así, aunque este lo hubiese podido por evidentes motivos de seguridad), la participación de Francia ha sido decisiva para “colocar” a Ouatarra en el poder. Decisiva, y puede que extralimitada de sus funciones: Con la inestimable ayuda del ejército francés, las tropas de Ouatarra acceden a la residencia de su rival. Esta importante colaboración gala se concreta con un anillo formado por unos 200 tanques, “para proteger la embajada francesa” según fuentes diplomáticas. ¿La verdadera misión? En Liberation lo tienen claro: Rodear a Gbagbo.

Ouatarra es ya presidente con la ayuda de Francia

 Sea como sea, Francia no abandonará el país así como así. Su gobierno ha reconocido que patrullarán Abiyán durante una primera etapa de restauración de la normalidad, codo con codo con las fuerzas locales. Aunque insista en que la responsabilidad de recuperar el orden y de pedir justicia ante los organismos internacionales por los crímenes cometidos sea marfileña, la presencia de numerosas tropas francesas en el país africano da a entender que la “misión”de Francia en la zona no ha terminado, y que su interés va más allá del derrocamiento de Gbagbo. El apoyo militar francés no pretende alargarse más allá de junio, fecha en que Naciones Unidas debe poner en marcha un plan en la zona. Eso habrá que verlo, a la vez que escudriñamos cual es el verdadero interés de Francia en la zona. ¿Favores comerciales? ¿Controlar a Ouatarra como una marioneta en favor de otros intereses?

Aunque nos llegue poco, y a veces muy sesgado, nos esforzaremos por descubrirlo.

Para terminar, os dejo un fragmento del testimonio de una escritora marfileña, Veronique Tadjo. No tiene desperdicio:

« Por la mañana, llamo a casa, en Abiyán. Siguen sin electricidad, el agua está cortada y sigue habiendo tiros esporádicos en las calles. Explosiones, impactos de bala en los muros de las casas. Salif, el viejo cocinero, me lo cuenta todo con una voz tranquila. Está solo con Dao, el jardinero. La mayoría de mis familiares han abandonado la ciudad, pero ellos son Burkinabe, extranjeros, y no saben que facción armada ocupa ahora el barrio (…) »

J S

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