Where is the end?


El otro día lo comentaba con un gran amigo mío, un filósofo, encerrado como lo estamos todos en un cuerpo humano que se limita, que se ameniza en este teatro, este gran pasatiempo que es la vida. Mientras formábamos parte de otro de tantos actos que componen la obra, nos reconocíamos así, como unos seres minúsculos, tan simples, que lo único que aparentemente buscamos es que a otro semejante se le caliente el alma sólo con vernos.

 Y en esas, nos dedicamos a batallar en miles de peleas intrascendentes, a remar contra cientos de dilemas insípidos y en dejar morir las estaciones entre pasatiempos fútiles a los que adjudicamos un valor que ni de chorra tienen. Y eso, en el fondo, porque hemos asumido que lo que de verdad nos trae hasta aquí, lo que nos ha permitido existir, nos concede el derecho a pelear por una existencia insgnificante pero digna al fin y al cabo, se escapa totalmente de nuestro conocimiento, y se ríe de nuestra imaginación.

¿De dónde venimos? ¿A donde vamos? ¿Cuál es nuestra misión aquí? Por mucho que la ciencia nos permita descubrir el origen de nuestra existencia, la vida se nos presenta como algo demasiado poco causal. Nos cuesta creer que estemos aquí por azar, que lo único que debemos hacer es interpretar nuestro papel de la mejor forma que sepamos. ¡Amar, reír, competir, crecer y alucinar con este mundo! Un lugar que precisamente nos permite soñar con algo más allá, algo que angustia no conocer, pero que hace que podamos volar desde nuestra enanez física y mental, y explorar territorios tan increibles e inagotables como sencillos.

Los mujeres y hombres estamos aquí, en este lugar y en este tiempo, compartiendo un lugar con otros seres, y compartiendo la capacidad de sentir, de amar. Más allá, podemos exteriorizar ese amor con lenguas imperecederas como la música, la escritura, la pintura, el CINE… Incluso podemos preguntarnos todas estas dudas de respuesta desmedida e inalcanzable a través de un Blog que vive en una cosa invisible que se llama Internet. Que cosa tan grande, ¿no?

No vais a leer conclusión alguna, no se qué hago aquí, no se porque no logro todo lo que me propongo ni quien ha creado las reglas de este mundo tan lindo y casi siempre injusto. Sé que ningún hombre va a vivir por mi esta faena que es mi vida, como lo es la de cualquiera de vosotros. Y el hecho de ser yo quien decida, ese detalle, es sencillamente brutal.

J S

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