Revolución en Libia: Call of Duty 3.0


Mientras el caos se apodera a pasos agigantados de toda Libia, el tirano Muammar el-Qaddafi ha decidido que la peonza siga rodando, hasta que todo reviente. Este señor, que ha demostrado con su intervención televisiva ser un pirado incoherente que no puede dirigir ningún Estado, no se ha sentido realizado después de cuarenta años de despótico gobierno al frente de un país que ha sido intocable para la Comunidad Internacional (tristemente, como otros), por sus enormes reservas petrolíferas. Pero una parte de la población ha cogido la ola de cambio que se ha ido gestando este último mes y medio en el mundo árabe. Primero fue Túnez, y luego Egipto pegando fuerte en la que se ha llamado desde muchos medios “La revolución de Twitter”, o “revolución 2.0”.

Lo cierto es que sí están teniendo mucho protagonismo las comunicaciones en directo vía redes sociales, los blogs de influyentes periodistas, los cables de Wikileaks… Pero lo que más me gusta en ese sentido es que los blogs y periódicos de calidad vuelven a tener la voz cantante, y que la postura de las potencias mundiales está pintando radicalmente distinta a anteriores conflictos locales que devinieron guerras globales. Al menos, no parece que vayamos a vivir otra “Libertad duradera”.

Si lo de Egipto fue una ciber revolución, lo que está pasando en Libia tiene menos de cibernético y mucho más de sanguinario. Con fuerzas muy desiguales (el derecho de autodeterminación del pueblo Libio frente a las metralletas y misiles de los cazabombarderos y helicópteros), en esta ocasión no veremos en los periódicos a los militares locales portando flores y oponiéndose al régimen a derrocar. El motivo es este: El-Qaddafi se está encargando de arengar a todos los fanáticos que aún se atrevan a confiar en él para combatir al enemigo: Su propio pueblo. Mientras, sus mercenarios aniquilan a todo aquel que se atreve a deambular por las calles, y si es en grupo, mucho peor. No sólo la gente “cae como moscas”: Edificios, hospitales, aeropuertos, el Congreso… El caos reina en Tripoli, Bengasi y alrededores, y la gente no puede salir de casa. Lo que se oye en las calles, según lo poco que se va sabiendo, son disparos y más disparos. Los más valientes “trafican” con pan y gasolina, si no mueren en el intento.

Es una locura. No hay otra forma de calificar una atrocidad como esta en el siglo XXI. Me pregunto por qué el pueblo ha tenido que esperar cuarenta años para jugarse la vida por la libertad y dejar de vivir en una sociedad aparentemente creciente en lo económico, pero donde no se podía ni hablar con las paredes por miedo a la represión. Una especie de “1984” de George Orwell.

Pero lo que de verdad me pregunto, aunque puedo intuir la triste respuesta, es ¿qué ha hecho la Comunidad Internacional todo este tiempo? Para mí, ellos tienen parte de culpa de lo que está pasando, en cuanto que tenían que haber previsto todo esto. Confío en que tengan la valentía de actuar inmediatamente, ahora que están más que justificados y respaldados por el derecho de autodeterminación de los Libios, y que por una vez se dejen de lado las malditas relaciones comerciales y los intereses externos. Está muriendo gente, y de nuevo sólo somos capaces de mirar la televisión y de pedir la repatriación de los nuestros. Hace falta una acción común. Lo que podemos asegurar por el momento es que hoy se ha reunido el Consejo de Seguridad de la ONU, y los ministerios de exteriores de EEUU y Reino Unido han alzado la voz. Es una oportunidad a la vez para el gobierno americano de volver a erigirse como “salvador” ante un conflicto local de repercusiones globales, y de paso romper el antiamericanismo reinante en el mundo árabe en las últimas décadas.

Túnez, Egipto y ahora la locura en Libia. Una desigual guerra de fuerzas dentro de la ola de cambio del mundo árabe, que ya toca de lleno a Bahrein y Yemen. En el primero ya han muerto cuatro personas, una desgracia nada comparable con las veremos cuantas (se habla de más de seiscientos, y más de cincuenta militares) de Libia. Lo único que espero es que después de todo esto, el castigado no sea el pueblo, y que los tiranos no salgan indemnes. Aunque sea por esta vez.

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