Miguel Benítez, er Migue. (1983- 2004)


Hay gente que no nace ni tampoco muere, son personas eternas que ya estaban aquí antes de que llegáramos y que seguirán por aquí cuando nos vayamos. Porque no son carne y hueso, son alma, son fuerza, electricidad, son poesía y arte.

Así era y es er Migue, cantante y fundador de Los Delinqüentes, el grupo jerezano que ha renovado la fusión del flamenco con otros estilos. Siguiendo la línea marcada antes por Camarón o por Kiko Veneno, al que idolatran y siempre ponen como referencia musical, han sabido conectar con la gente con letras cargadas de sentimiento y alegría.

Y todo gracias a la idea de vida que tenía er Migue. El grupo nació a raíz de la amistad que trabaron Migue y Marcos del Ojo “er Canijo” durante su paso por el instituto. Se conocieron gracias a que Migue llevaba un día una sudadera del grupo Triana que también gustaba al Canijo que se acercó a preguntarle y lo demás ya es Historia. 

Migue se crió en el campo de Jerez, entre claveles y garrapatas. Esos bichos pequeños que le quitaba a los perros y tanto le atraían. De ahí que luego en su vocabulario propio algo garrapatero fuera algo bueno, algo que gustaba. Probablemente fuera esa vida sencilla la que le dio esa sensibilidad especial y única que supo transmitir en sus letras.

Poeta desde los doce años, muchas de sus canciones más famosas como “El aire de la calle” las compuso antes de cumplir los dieciséis años.

La sentimientos que tenía Migue, plasmados luego en su poesía son toda una filosofía de vida que se maravilla ante las pequeñas cosas y pinta una realidad alternativa y colorida, un nuevo mundo lleno de optimismo pero a la vez con una melancolía muy sutil, muy finamente oculta entre líneas.

Esa es quizá su grandeza, la grandeza que han tenido todas las personas buenas de la Historia: la sencillez. Es difícil saber apreciar las pequeñas cosas, disfrutar con lo cotidiano y hacer de ello algo excepcional.

Es lo que consiguió este artista, vagamundos que se fue demasiado pronto dejándonos lo mejor de sí, un regalo infinito. Escuchar sus canciones es entrar en un mundo nuevo, alejarse de la realidad para tratar de ser realmente.

Te imagino ahora, Migue, con los grandes en un tablao que nunca cierra tocando y cantando durante noches y días sin parar. Te veo con Beni, con Chano, con Camarón, con Manolo, disfrutando juntos de esa pasión que tiene el flamenco y que tú supiste abrir a todo el mundo. Y ahí sentados me gusta veros, tomando fino, con el perejil, la hierbabuena. Eso sí que es garrapatero, es garrapatero todo lo que nos has dejado.

Te fuiste pronto pero supiste hacer lo que casi nadie consigue: aprovechar la vida, inspirar a la gente, dejarnos un regalo para siempre y salir volando en un caballo blanco al amanecer.

Siempre que vea una guitarra tu voz rasgada acudirá a mí para recordarme el sentido garrapatero de la vida.

“…y a veces tengo que falsamente sonreír”.

Sigues creando Migue, el verde rebelde siempre vuelve.

Carral del Prado.

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