NETWORK. Un mundo implacable (1976)


Esta es la historia de Howard Beale, el presentador de las noticias del canal UBS. Un hombre que en su día fue una leyenda, pero que acabó teniendo pésimos índices de audiencia en su telediario de la tarde. Un día, la cadena decide despedirlo anunciándoselo con una semana de antelación;  esa misma noche, Beale proclama en antena su intención de suicidarse en directo durante su último show. Lo que provoca un enorme revuelo.

Al día siguiente, reaparece en vivo para pedir disculpas, pero en vez de eso, achaca su locura a toda las patrañas (“bullshit” ) de nuestro mundo.  Las audiencias suben tanto y el eco mediático es tal, que la obstinada programadora Diana Christensen (una hechizante Faye Dunaway)  y el agresivo ejecutivo Frank Hackett (un soberbio Robert Duvall)  trata de convertirle en “el profeta loco de las ondas”. Su único y mejor amigo Max Shumacher y a la vez jefe (en mi opinión, el auténtico protagonista), no comulga con el circo que se ha montado en torno a, lo que él considera, la locura de un hombre demente y es despedido; traicionado por su enemigo declarado Hackett y su amada Diana.

Pero el nuevo show de  Howard Beale no resulta convincente y el número de espectadores vuelve a caer. Tras el nuevo fiasco, Beale recibe un misterioso mensaje mientras duerme, que le incita a mostrar la verdad, ante su pregunta de por qué él, la voz le responde “¡porque tú sales por la tele, bobo!”.

Esta revelación le convierte en un inspirado e incendiario predicador, que incita a los espectadores a sacar la cabeza por la ventana y gritar: “¡Estoy enfadado, diablos, y no lo aguanto más!”

Su éxito es arrasador a lo ancho de todo el país, pero sus verdades empiezan a incomodar a los de arriba, y a despertar a los de abajo. Llegando a interferir con el orden natural de las cosas, el sistema monetario mundial.

Tras una reveladora conversación con el jefe supremo de la monstruo-corporación que controla la cadena, el Sr. Jensen; Howard se vuelve un pesimista resignado que hace caer de nuevo las audiencias. Pero, ésta vez, los de arriba le quieren, y los del medio necesitan deshacerse de él.

La película despierta la mente del que la ve, y denuncia la pasividad y atrofia de las generaciones de personas que han nacido pegadas a una televisión, que influye absolutamente sobre sus vidas, sin que siquiera éstas se den cuenta.

¡En el nombre de Dios, vosotros, gente, sois la realidad; y nosotros, la ilusión!”

Jim Tonik

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