Los doce del patíbulo vs. Los malditos bastardos


Las aventuras del teniente Aldo Raine y sus hombres tienen un antecedente notorio en las peripecias del Mayor Reisman y su pelotón de convictos. Aunque separadas en el tiempo por más de cuarenta años las dos películas, ambos comandos debieron coincidir allá por los bosques franceses en  los días previos al desembarco de Normandía, al menos de acuerdo a la historia cinematográfica de la II Guerra Mundial.

Los soldados americanos de origen judío que, sedientos de venganza, buscaban, destruir y aniquilar a todo nazi que encontrasen y que se ganaron, entre las filas alemanas, el calificativo de los  “bastardos” ; luchaban para vengar la muerte de millones de judíos en Europa y hacer pagar por ello a los responsables de ésta. Para ello, al igual que los “doce del patíbulo”, saltaron en paracaídas sobre la Francia ocupada y se infiltraron tras la línea enemiga. Los primeros, al principio, simplemente merodeaban de aquí para allá exterminando germanos y cortándoles la cabellera, en busca de algo mejor que hacer, o que matar, más bien, para lo cual les daría ideas el ejército británico. No temían por su vida y disfrutaban matando, lo cual les convirtió en un auténtico picor de huevos para Hitler.

Los segundos, se lanzaron el mismo día de la operación , después de haber entrenado durante semanas en suelo inglés hasta el más mínimo detalle de la misión: tomar el hotel en el que los oficiales nazis pasaban las vacaciones con sus queridas mujeres; matando al suficiente número de  altos mandos militares como para dañar la cadena de mando del III Reich.

Los alemanes, ajenos aún del peligro que supondría la inminente invasión de las costas de Francia, de lo que realmente no tenían ni puta idea, era de la banda de hijosdeperra que se les venía encima:La “sucia docena”. Un grupo de presos militares, rudos e insolentes asesinos, que se adentraron en territorio enemigo para volar por los aires un castillo lleno de gente y así conseguir la amnistía de sus penas. Sabían que probablemente morirían, pero  buscaban una alternativa al destino que los tribunales militares, de acuerdo a sus leyes, les habían impuesto.

El destino de todos ellos, parece abocado a la fatalidad, pero, como diría Teddy Daniels  “¿Qué es peor, vivir como un monstruo o morir como un hombre bueno?”

Jim Tonik

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