Al romper


Tu existencia me abordó como una colosal ola cuya espuma rebulle bajo las piernas de un surfista y le hace tambalear. Me deleité con tu impulso, deslizándome sobre tu cresta; valiente pero comedido. Consciente, de que a medida que la orilla quedaba más cerca, nuestro amor se deshacía en la grandeza del mar. Me dejé engullir, asustado, entre los restos de tus últimos burbujeos mientras tu esencia se repartía por la inmensidad. Estuve aturdido, mi corazón agitado y mis pulmones encharcados.

 Lo que siguió fue una interminable sensación de soledad, azucarada con la lejana visión de una serie de poderosas olas desfilando en perfecta formación hacia la orilla.

J S

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