Extrañezas (II).


Y digo yo ¿por qué tengo que olvidarme de ella?. No puedo evitar el enfado. ¡Si es que es tan bello lo que siento por ella! Imposible dejarlo morir sin que me remuerda la conciencia.

Pero claro, a ella que más le da. Cruel indiferencia. Si insistiera probablemente lo único que conseguiría sería ponerme en ridículo, humillarme o qué sé yo, parecer un enfermo o un desesperado.

Pero ¿acaso no ha habido grandes historias de amor que se han hecho posibles a base de insistir?. Sí, es cierto, pero no creo que sea esta. Parece cada vez más que no hay sitio para sentimientos constantes y sinceros. Es todo inmediatez y fugacidad. Follar y cigarrillo. Polvo y cenizas una vez más.

Quiero algo ahora y cuando mañana me canse que desaparezca. Quiero (¿querer es amor?¿es amar? deberíamos tener verbos diferentes como los ingleses, así habría menos confusiones) a alguien ahora pero cuidado que se me pasa rápido así que no te extrañes si ayer eras el hombre de mi vida y hoy un desconocido. Si se disgusta le ignoro, si me insiste desaparezco.

Un recuerdo, una sonrisa pálida de un desnudo sublime sobre una cama casi a oscuras rodeada de volutas del humo del cigarrillo más placentero, que se diluye igual que el aroma a ese sexo auténtico porque es sincero que ya se ve pasado como si fuera uno de esos pensamientos geniales que se pierde inevitablemente, que se olvida inalcanzable por no plasmarlo en cuanto nace.

Carral del Prado.

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