Quererte.


Cómo me gustaría haberte querido como querías que te quisiera. Así podría hablarte en presente y decirte hoy al oído: te quiero.

Volver a hacerte el amor en la penumbra de tu habitación, intuyendo esos profundos ojos azules a través de nuestros frenéticos movimientos, enredados entre nuestras respiraciones agitadas con el calor de nuestros cuerpos impregnando el cuarto de ese aroma tan peculiar y único que se produce cuando dos pieles se encuentran.

Mirar de nuevo a tu sonrisa y sentir que sólo me sonríes a mí, besarte como si no fueras a volver y despertarme de nuevo y verte a mi lado con tu melena alborotada cayendo sobre tu delicada desnudez, besando esas pecas inocentes y con un gesto de profunda tranquilidad. Volver a quedarme mirándote mientras pienso cómo puedo ser tan afortunado.

Si te quisiera ayer como te quiero hoy, hoy no sería hoy ni pensaría en ayer.

No tendría que escribirte como si me fueras a leer, no te buscaría sin atreverme a encontrarte, recordarte no me produciría esta melancolía que trata de borrar aquello que me hacía sentir.

Si te quisiera ayer como te quiero hoy.

Si me hubieras querido como nunca lo hiciste.

Carral del Prado.

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Un pensamiento en “Quererte.

  1. Esther

    “Lo peor del amor cuando termina
    son las habitaciones ventiladas,
    el solo de pijamas con sordina,
    la adrenalina en camas separadas.

    Lo malo del después son los despojos
    que embalsaman los pájaros del sueño,
    los móviles que insultan con los ojos,
    el sistole sin diástole ni dueño.

    Lo atroz es no querer saber quién eres,
    agua pasada, tierra quemada,
    que de igual esperarte o que me esperes,
    que no seas tú entre todas las mujeres,
    que la cuenta está saldada.

    Las canciones de amor que no quisiste
    andan rodando ya por las aceras,
    las tocan las orquestas de los tristes
    pa que baile don nadie con cualquiera.

    Las maletas que llegan sin tu ropa
    giran perdidas por los aeropuertos,
    la pasión cuando pasa es una coopa
    de sangre desangrada en el mar muerto.

    Remendar las virtudes veniales,
    condenar a galeras los archivos,
    cuando al punto final de los finales
    no le siguen dos puntos suspensivos.”

    (Joaquín Sabina, “Agua pasada”, Disco Vinagre y Rosas)

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