Donde se pasa la vida.


Todo termina pasando en un bar a medias iluminado. Acompañado por una voz rasgada rasgándose el corazón que rasga el mío también, me rasga la vida como me la has rasgado tú. Que me agarré a ti como un ratón se agarra al trozo de queso de la trampa que le arranca la vida como si eso le fuera a salvar.

A salvarme de qué, si pudiera saberlo.

Pero vuelvo una y otra vez porque, al fin y al cabo, esto es lo único que me calma, lo único que me permite dejar de pensar en ti aunque solo sea por unos momentos. Instantes que resultan un bálsamo para combatir al que se ha convertido en un veneno.

Y aquí me quedo, en el viejo tugurio vacío, solo, flotando en una irrealidad demasiado real, insoportable, que vuelve a traicionar mi confianza y se repite sin parar.

Carral del Prado.

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